Ser como los Reyes Magos

Reflexión en Español de Evangelio del Domingo 3 de Enero

Monseñor Gregory Parkes

 

“…y de pronto la estrella que habían visto surgir, comenzó a guiarlos, hasta que se detuvo encima de donde estaba el niño. Al ver de nuevo la estrella, se llenaron de inmensa alegría. Entraron en la casa y vieron al niño con María, su madre, y postrándose, lo adoraron. Después, abriendo sus cofres, le ofrecieron regalos: oro, incienso y mirra”.

– Mateo 2, 9-11

 

Este fin de semana recordamos y celebramos la Epifanía de nuestro Señor. Es el momento en que el recién nacido Rey de los judíos se manifiesta a las naciones como fue predicho por los profetas. Los judíos habían estado esperando un mesías durante muchas generaciones. Pero ahora, Cristo el Señor es reconocido como rey por los paganos, o sea, por los no creyentes; pero, sin embargo, llegaron a conocer y comprender el significado de este nacimiento milagroso.


Los magos reconocieron las señales de que algo significativo estaba ocurriendo. Eran astrónomos, que buscaban en las estrellas una respuesta para lo que estaba sucediendo. Vieron en lo alto del cielo una nueva estrella como nunca antes habían visto. El rey Herodes estaba celoso y preocupado por esta revelación de un rey recién nacido en su territorio. Se sentía amenazado porque otra persona, y mucho menos un bebé, pudiera desafiar su poder. Mientras tanto, los magos encontraron al Niño, le rindieron homenaje ofreciéndole los regalos preciosos y significativos de oro, incienso y mirra.


A medida que nos adentramos en la narrativa navideña es interesante notar que las personas que fueron consideradas más importantes en la sociedad de aquel momento no eran las que recibían la revelación del nacimiento de este Niño. Los sumos sacerdotes, oficiales del templo, el rey secular y otras autoridades eran todos personajes externos. Fueron los sencillos y humildes pastores y los magos, los primeros en recibir la buena nueva del nacimiento del Salvador, y los que encontraron el camino para llegar al Niño. Cristo estaba en presencia de ellos, pero las autoridades locales no lo reconocieron y siempre se sentirían amenazadas por él hasta el momento de su muerte.


¿Sigue siendo así nuestro mundo de hoy? ¿Reconocemos las persuasiones del Espíritu Santo en nuestra vida, que nos están apremiando a una relación más estrecha con Jesucristo? Si bien es posible que no tengas oro, incienso y mirra para ofrecer, el mejor regalo que puedes dar a Jesús en este año nuevo es tu corazón y tu alma. Haz la resolución este año de que Jesucristo sea el rey de tu vida.