La curación que todos deseamos

Reflexión en Español de Evangelio del Domingo 14 de Febrero

Monseñor Gregory Parkes

 

Se le acercó a Jesús un leproso para suplicarle de rodillas: “Si tú quieres, puedes curarme”. Jesús se compadeció de él, y extendiendo la mano, lo tocó y le dijo: “¡Sí quiero: ¡Sana!”
– Marcos 1:40-41

 

La semana pasada leímos la historia de Jesús, que curó a una mujer con fiebre. En el Evangelio de este fin de semana encontramos a Jesús con un leproso a quien el Señor cura de su enfermedad. La Iglesia y la comunidad veían la lepra como una enfermedad tanto espiritual como física. Se consideraba un castigo de Dios.


Según la ley de la época los leprosos eran expulsados de la comunidad. Para poder regresar tenían que demostrarle al sacerdote local que estaban curados. En este caso el leproso sabe que, si Jesús lo desea, tiene el poder de curarlo. El leproso le dice a Jesús: “Si tú quieres, puedes curarme”. En esencia, el leproso cree que Jesús tiene el mismo poder de curación que Dios. Jesús se apiadó y el hombre quedó limpio. Tengamos en cuenta que ésta fue también una limpieza espiritual a fin de quedar curado a los ojos de Dios. Jesús le ordena que vaya al sacerdote local y ofrezca lo que Moisés prescribía según la ley levítica; que, en esencia, era hacer penitencia.


Esta curación es la misma que todos deseamos: quedar curados de la lacra del pecado. Al igual que la lepra, el pecado no puede ser curado sino por intervención divina. Utilizamos el sacramento de la reconciliación para aliviarnos y curarnos de nuestras aflicciones espirituales, que nos separan de Dios y de los demás.


Ten la valentía de reconocer tus propias aflicciones y, como el leproso, pide al Gran Médico, nuestro Señor, que cure tu corazón, tu alma y tu mente. Recuerda que los que pidieron la curación y tuvieron fe la recibieron. Hacer una buena confesión es una buena manera de comenzar.