Pedir perdón

Reflexión en Español de Evangelio del Domingo 21 de Febrero

Monseñor Gregory Parkes

 

“Se ha cumplido el tiempo y el Reino de Dios ya está cerca. Arrepiéntanse y crean en el Evangelio”.

– Marcos 1,15

 

En este primer domingo de Cuaresma, nuestra lectura del Evangelio proviene de san Marcos. Escuchamos cómo Jesús pasó 40 días en el desierto, donde fue tentado por Satanás en preparación para su ministerio público. Comienza su ministerio público anunciando un tiempo de cumplimiento y predicando a la gente “conviértanse y crean en el Evangelio”. Conviértete y cree. Esas palabras son una parte importante de nuestra peregrinación cuaresmal y es probable que te las hayan dicho a ti cuando recibiste las cenizas el pasado miércoles.


El tiempo de Cuaresma es el momento perfecto para examinar nuestro camino espiritual, y nuestra relación con Dios y con los demás. Es una peregrinación que abarca toda nuestra vida cotidiana y no sólo una hora de cada domingo. Estamos llamados a amar a Dios, a amar a los demás y a convertirnos. Parece sencillo, pero sabemos que puede ser difícil. Nuestra paciencia a menudo se pone a prueba y podemos enfadarnos, sentir celos de los demás y centrarnos en nosotros mismos, anteponiendo otras cosas a nuestro amor a Dios. Las dos frases que más comúnmente usamos al arrepentirnos de algo son: “Lo siento” y “discúlpame”. O “te perdono”, si otra persona se arrepiente de algo que nos hizo y viene a disculparse. Son palabras difíciles de decir, pero pueden traer gran sanación y paz a ambas partes involucradas.


En mis tiempos de párroco, y ocasionalmente de obispo, he escuchado a menudo a los papás y las mamás expresar los desafíos que les presentan sus hijos e hijas. A veces se les saltan las lágrimas durante sus luchas con ellos. En todos los casos los padres están dispuestos a perdonar por amor a sus hijos, independientemente de lo que ellos hayan hecho. Dios tiene este mismo amor incondicional por nosotros.


Imagínate a Dios llorando por nosotros cada vez que tropezamos y erramos en nuestro caminar por la vida. Dios es nuestro Padre celestial. Dios llora por nosotros cuando pecamos, igual que lo hace un padre o una madre por su hijo o hija, porque quiere lo mejor para nosotros. Jesús lloró por nosotros y rogó al padre desde la cruz para que perdonara a sus enemigos: “Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen”. En esta Cuaresma, enjuguemos esas lágrimas pidiendo perdón y reparando las relaciones rotas con miembros de nuestra familia, amistades y sobre todo con Dios.