Suelta la carga del pecado

Reflexión en Español de Evangelio del Domingo 14 de Marzo

Monseñor Gregory Parkes

 

“Porque tanto amó Dios al mundo, que le entregó a su Hijo único, para que todo el que crea en él no perezca, sino que tenga vida eterna”.

– Juan 3,16

 

Muchas personas cuando se les pregunta cuál es su versículo bíblico favorito dirán que es Juan 3,16: “Porque tanto amó Dios al mundo, que le entregó a su Hijo único, para que todo el que crea en él no perezca, sino que tenga vida eterna”. Pero en la lectura del Evangelio de san Juan de este fin de semana debemos también examinar las escrituras circundantes, que quizá no sean tan agradables y esperanzadoras.


Estoy seguro de que todos deseamos una buena vida e ir al cielo cuando nuestra vida termine. Sin embargo, una realidad de nuestra naturaleza humana es el pecado. Aunque deseamos esforzarnos por vivir una vida buena, a menudo nos vemos arrastrados a las tinieblas de este mundo, unas tinieblas que en apariencia satisfacen alguna necesidad que tenemos. Sin embargo, dura poco y pronto descubrimos que el pecado no satisface.


¿Por qué ocultamos cosas a los demás? Probablemente porque sabemos que lo que hemos hecho no es bueno para nosotros y nos avergonzaría que se supiera. Adán y Eva se escondieron de Dios en el jardín, porque querían ocultarle a Dios su secreto y su desobediencia. Pero sabemos que Dios lo ve y lo sabe todo. No podemos escondernos de él.


A veces hacemos en secreto cosas que sabemos están mal: lujuria, adulterio, robo y falso testimonio. Cuando esos secretos aumentan pueden convertirse en un gran peso para nuestra alma y llevarnos al abismo de la desesperación. Desafortunadamente, muchas personas pueden permanecer en esa oscuridad sin siquiera saberlo. Necesitamos liberarnos del peso del pecado y salir de esas sombras, para poder vivir en la luz.


Estamos llamados a vivir en la luz de Cristo y a ser luz para los demás. Dedica un tiempo en esta Cuaresma para ver por dónde anda tu vida y cómo estás en tu relación con Dios. Si tienes pecados que te agobian, libérate de ellos acudiendo al sacramento de la Reconciliación “para que no perezcas, sino que tengas vida eterna”.