Reflexión en Español de Evangelio del Domingo 10 de Mayo | Diácono Paco Martinez-Pacini

Queridos hermanos, hoy 10 de Mayo de 2020, celebramos el Quinto Domingo de Pascua. La primera lectura es de los Hechos de los apóstoles (6, 1-7), cantamos el Salmo 32,1-2.4-5.18-19, Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros, como lo esperamos de ti, y la segunda lectura proviene de la primera carta del apóstol san Pedro (2,4-9).

En el evangelio de hoy de san Juan (14, 1-12) dijo Jesús a sus discípulos:
“No se turbe vuestro corazón, creed en Dios y creed también en mí.” 

Ya hemos avanzado en el tiempo de Pascua y a veces, de tanto ir y venir a diario de nuestras responsabilidades u obligaciones del trabajo, la escuela y la familia, se nos olvida que hemos sido elegidos como abanderados de una insignia que no es sólo para nosotros sino para toda la humanidad. Recordemos que somos linaje elegido, nación consagrada, pueblo de Dios.


Como Jesús resucitado, somos sacerdotes que celebramos la acción de gracias por la salvación que Dios ha regalado al mundo. De esta manera construimos el reino de Dios: entregando nuestras vidas al servicio, comprometidos en formar ya aquí la familia de Dios, donde reine la verdad, el amor y la justicia.


Estamos llamados a llevar a la práctica de cada día ese amor con el que Dios nos amó en Jesús y que nos transformó en “pueblo elegido y nación consagrada”. El evangelio de hoy nos muestra el camino: el mismo Jesús quien dice de sí mismo que es “el Camino, la Verdad y la Vida”. No hay más camino que seguir sus huellas: ser cristiano es seguir las huellas de Jesús, comportarnos como él lo haría, amar a nuestros hermanos y hermanas hasta darlo todo, como él hizo.


Hacer eso en la vida cotidiana no siempre es fácil. Enfrentamos problemas y situaciones que no tienen nada que ver con las que enfrentaron Jesús o los apóstoles. Pero ése es precisamente nuestro desafío: encontrar soluciones creativas a los problemas que encontremos. Así tenemos que ejercer nuestro seguimiento de Jesús: tratando de ofrecer soluciones a los problemas que nos encontramos y preguntándonos siempre qué haría Jesús en una situación como ésta. Dejándonos llevar por el Espíritu, invoquemos que podamos encontrar las formas y los modos concretos que nos lleven a expresar de la forma más eficaz posible el amor por los hermanos y hermanas, especialmente por los más necesitados.


Y recordando el mensaje del papa Francisco en días recientes tengamos en cuenta dejar entrar la luz del Señor para que nos salve. “No temamos el Señor, Él es muy bueno, es amable, está cerca de nosotros. Ha venido a salvarnos. No tengamos miedo de la luz de Jesús (6 de mayo de 2020)”. Al igual que el papa Francisco, contagiemos esperanza y superaremos este tiempo de turbación. Hoy también acogemos a todas las madres en su día y las encomendamos al Señor Jesús que nos regaló a María la Virgen como madre de todos nosotros.


Invocamos la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo descienda sobre nosotros y nos acompañe siempre.