Confía y cree

Reflexión en Español de Evangelio del Domingo 30 de Mayo

Monseñor Gregory Parkes

 

“En aquel tiempo, los once discípulos se fueron a Galilea y subieron al monte en el que Jesús los había citado. Al ver a Jesús, se postraron, aunque algunos titubeaban”. – Mateo 28, 16-17

¿Dudas alguna vez, incluso de algo que parece seguro? Hay cosas que sabemos con certeza que ocurrirán en la vida. Aún con esa certeza, la duda puede acechar.

Este fin de semana la Iglesia celebra la solemnidad de la Santísima Trinidad. Leemos en los últimos versículos de san Mateo que Jesús da a sus discípulos el gran mandato de bautizar a todos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y les asegura que estará siempre con ellos. Es un pasaje de afirmación, pero hay una frase que salta a la vista en el versículo 17: “Al ver a Jesús, se postraron, aunque algunos titubeaban”. Aunque algunos titubeaban. Después de todo lo que habían presenciado…los milagros, las curaciones, la muerte y la resurrección… ¿cómo podían seguir titubeando?

Pero, aunque sólo hayan sido algunos los que dudaron, y no todos, todavía hay que plantearse la pregunta:  “¿por qué?” Y otra pregunta sería, ¿qué significa eso para nosotros hoy?

Tal vez el titubeo de algunos de los discípulos se debiera a lo mismo que tenemos que reconocer nosotros hoy: que experimentamos duda en la fe, particularmente cuando enfrentamos alguna prueba o adversidad. Nadie es perfecto, ni siquiera los discípulos, y los santos y santas que nos precedieron. Somos pecadores y a Satanás le gusta acecharnos para sembrar la duda, la preocupación, la desesperación y la división en nuestra vida. El remedio para luchar contra las dudas es ser fervientes en la oración, devotos en la adoración y persistentes en la fe. Jesús disipó las dudas de los discípulos recordándoles que estaría siempre con ellos, incluso en sus momentos de duda, prueba y sufrimiento. Es esa fe de saber que él está siempre con nosotros la que nos mantiene en pie. Cuando la duda empiece a acechar tu vida, pídele a Jesús lo mismo que le pidió el padre en el capítulo 9 de san Marcos: “Creo, Señor; pero dame tú la fe que me falta”.