Reflexión en Español de Evangelio del Domingo 14 de Junio

Monseñor Gregory Parkes

 

Este fin de semana celebramos la Solemnidad del Cuerpo y la Sangre de Cristo. Es también tradicionalmente conocida como el Corpus Christi.

La lectura del Evangelio según san Juan narra a Jesús, que le dice a la multitud judía: “Yo soy el pan vivo bajado del cielo. El que coma de este pan vivirá eternamente, y el pan que yo daré es mi carne para la vida del mundo”.

Jesús continúa diciendo, “si no comen la carne del Hijo del hombre y no beben su sangre, no tendrán vida en ustedes. El que coma de este pan vivirá eternamente”.

 

Estas palabras tienen que haber sido muy fuertes y hasta confusas en boca de alguien a quien muchos consideraban en ese tiempo un maestro o un predicador itinerante. Muchos judíos no entendieron y los líderes judíos creyeron que hasta podría ser una blasfemia. A muchos de sus discípulos se les hizo difícil comprender el significado de lo que él les había dicho.


¿Cómo es posible que la Eucaristía, la cual recibimos cuando venimos a Misa, sea verdaderamente el cuerpo y la sangre de Jesús? Esto es un misterio para nosotros, para lo cual necesitamos el don de fe. Cuando el sacerdote consagra el pan y el vino durante la Misa, se da un cambio substancial en esos elementos. Aunque luzcan y sepan tal como pan y vino, se han convertido en el cuerpo, la sangre, alma y divinidad de Jesucristo, el pan vivo que ha bajado del cielo. ¿Crees esto?


Y cuando recibimos su cuerpo en comunión, Jesús verdaderamente habita en nosotros con una presencia real por el don de la Eucaristía. Nuestra respuesta al recibir este don debe ser de gratitud – y demostrarlo con nuestras palabras y obras.


En este domingo del Corpus Christi, demos gracias a Dios por el don de su Hijo Jesucristo, que murió por nuestros pecados y nos entregó su cuerpo y su sangre.

 

 

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