Carga tu cruz con fe

Reflexión en Español de Evangelio del Domingo 27 de Junio

Monseñor Gregory Parkes

 

“Hija, tu fe te ha curado. Vete en paz y queda sana de tu enfermedad”. – Marcos 5, 34

 

Como sacerdote y obispo, me he encontrado con muchas personas que sufren. He celebrado muchos funerales y he sido testigo del dolor de un padre o una madre por la pérdida de un hijo, de un cónyuge por la pérdida de su querida pareja. En mi propia vida, he pasado por la pérdida de mis padres y de mi hermano mayor. Perder un amigo o un ser querido nunca es fácil, pero ponemos nuestra fe y nuestra confianza en que Dios tiene el control y mantiene a esos seres queridos cerca de él.

 

El Evangelio de este fin de semana nos relata el encuentro de Jesús con dos personas que sufren. Primero, se encuentra con Jairo, uno de los jefes de la sinagoga, que le pide a Jesús la sanación de su hija que está a punto de morir. Es interesante que el autor mencione al jefe de la sinagoga cuatro veces. No es carpintero, pescador o comerciante sino un líder religioso. Jairo obviamente ha oído hablar de las obras milagrosas de Jesús, está desesperado por salvar a su hija y, por lo tanto, se vuelve a Jesús en su momento de necesidad. Irónicamente, más tarde serían los jefes de la sinagoga quienes perseguirían a Jesús y pedirían su muerte. Pero Jesús va a visitar a la familia desesperanzada   y sana a la niña.

 

De camino, una mujer que sufría hemorragias durante años tocó su manto, pues cree que él tiene el poder de sanarla. Jesús se da cuenta de lo que ha pasado y pregunta quién lo tocó. La mujer admite haberlo hecho y Jesús le dice: “Hija, tu fe te ha curado. Vete en paz y queda sana de tu enfermedad”.

 

Esas dos curaciones ocurrieron por tener fe en Jesús. El sufrimiento y la curación pueden venir de muchas maneras: por enfermedades físicas o mentales, por tensión emocional o por la pérdida de un ser querido. Ésos son sólo algunos ejemplos. Durante estos tiempos difíciles oramos a Jesús para que sane nuestra vida y nos traiga su paz. Pero, a veces parece que no recibimos respuesta a nuestra oración. La curación y la paz no llegan, al menos no de la manera que queremos o esperamos. Debemos recordar que lo que prevalece es la voluntad de Dios y no la nuestra. Incluso nuestro Señor Jesús, el Hijo único de Dios, el Salvador del mundo, tuvo que sufrir y morir. No fue fácil.

 

La vida no es siempre fácil. A veces, el dolor que sobrellevamos nos hace comprender y apreciar mejor el amor, la paz, el gozo y la esperanza que vienen del Señor. Pide en tu oración la fuerza necesaria para mantener tu fe y pídele a Jesús que camine junto a ti mientras cargas valientemente con tu propia cruz.