Reflexión en Español de Evangelio del Domingo 28 de Junio

Monseñor Gregory Parkes

 

Los niños a menudo les preguntan a sus padres: “¿a quién amas tú más, a mí o a él?” o “¿a cuál de mis hermanos amas más?” Y en algún momento de riña hasta pudieran exclamar con enfado o desafío: “¡Siempre los has amado más a ellos que a mí!”. Por supuesto que esto no es cierto, pero es quizás lo que ellos crean.

En la lectura de este domingo del Evangelio de san Mateo podemos notar, así por encima, un paralelismo bastante difícil. Jesús declara que “el que ama a su padre o a su madre más que a mí, no es digno de mí” y añade que “el que no toma su cruz y me sigue, no es digno de mí”. Conocemos la frase “Jesús es amor”, pero oírla en este contexto nos puede dar que pensar. Después de todo, ¿qué no haría un padre para salvar a su hijo o hija? Es siempre difícil para los padres perder a su hijo o hija, y culpar a Dios o preguntarse: “¿Si Dios me ama, porque me ha hecho esto?”


Estamos llamados a amar a Dios en todo tiempo y en toda situación, con todo nuestro corazón, nuestra mente y nuestra alma. Los padres, a pesar de toda su bondad, son también creaturas pecadoras y ocasionalmente pueden estar equivocados. Este mundo es pasajero, pero el cielo es eterno, tal como lo es el amor de Dios hacia nosotros.
Hay muchas tentaciones en la vida y para vivir verdaderamente en Cristo hay que negarse a sí mismo.

 

Dios no puede ser superado en generosidad y amor incondicional. Después de todo, Dios entregó a su Hijo, para que fuera nuestro Salvador.


No estoy diciendo que dejen de amar a sus padres, a sus hijos o a sus amigos, sino que Dios tiene la prioridad sobre todas las cosas, pues todo lo demás es pasajero.
¿Tienes la valentía de abrir tu corazón para que Dios lo llene con su amor eterno y después compartirlo con los demás? Ora hoy para pedir esta gracia.

 

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