El pan de la vida

Reflexión en Español de Evangelio del Domingo 1 de Agosto

Monseñor Gregory Parkes

 

“Jesús les contestó: “Yo soy el pan de la vida. El que viene a mí no tendrá hambre y el que cree en mí nunca tendrá sed”. – Juan 6,35

 

Apuesto a que si se hace una encuesta a un segmento de la población sobre cuáles son sus deseos y necesidades en esta vida, muchos dirían que son los teléfonos celulares, las computadoras u otros dispositivos electrónicos portátiles. De hecho, basta con quitarle el teléfono a un adolescente para ver su reacción. Otras personas dirían en la encuesta que desean una carrera exitosa con estabilidad financiera. Puede que algunas vayan a más profundidad y mencionen la felicidad de la familia o la paz en el mundo. Pero me imagino que no habría muchos que dijeran: “una relación más íntima con Dios”.

 

Resulta interesante que busquemos la realización personal en cosas terrenales. Las exigencias del trabajo son grandes. Muchas personas comienzan su día antes del amanecer y llegan a casa después del anochecer, dejando poco tiempo para Dios o la familia. Eso no es lo que nuestro Señor quiere de nosotros. No pongamos las cosas de este mundo por delante de lo que es verdaderamente importante. El éxito, la fama, el dinero y los bienes son cosas atractivas en la vida diaria, pero no nos acercan al cielo. 

 

En el Evangelio de san Juan de este fin de semana vemos que Jesús se ha alejado de las multitudes y ha viajado a Cafarnaúm. Pero las personas le siguen la pista, verdaderamente hambrientas de lo que él les ofrece y de lo que puede hacer por ellas. Jesús les asegura que tienen hambre de las cosas equivocadas y les dice: “No trabajen por ese alimento que se acaba, sino por el alimento que dura para la vida eterna y que les dará el Hijo del hombre”. Por supuesto que ellos no se daban cuenta de que Jesús era el Hijo del Hombre. Pensaban que, al igual que Moisés que los alimentó en el desierto, Jesús también podría alimentarlos como lo hizo con los panes y los pescados. Jesús les recordó que fue Dios quien los alimentó y que, de hecho, Jesús mismo era el pan de la vida eterna que buscaban, y que los satisfaría.   

 

Las personas acerca de las cuales leemos en el Evangelio de esta semana no eran felices. Buscaban algo más. Hoy en día muchas personas no son felices; aunque crean tenerlo todo siguen en búsqueda de más. La felicidad verdadera y duradera viene de Dios…la paz, la alegría, el amor y la misericordia. Todo esto se encuentra en la Eucaristía, en Jesús que es el pan de la vida. Si hace tiempo que no vas a la iglesia, este fin de semana es el momento oportuno para hacerlo.