Reflexión en Español de Evangelio del Domingo 2 de Agosto

Monseñor Gregory Parkes

Hambre por conocer a Dios

 

¿Alguna vez has estado en una situación donde estas viviendo la pérdida de alguien o un evento emocional significativo, y aun así has tenido que reponerte por el bien de los demás? Le puede suceder a padres de familias o amigos que han tenido que mantenerse en dominio de sus propias emociones para así poder estar con sus hijos o demás personas que necesiten de su atención. También así les sucede a los sacerdotes. 

 

Al nosotros leer el Evangelio de san Mateo vemos que hasta nuestro Señor Jesucristo pasó por esto. A Jesús le dijeron sobre la muerte de Juan Bautista y sintió dolor, de tal modo que necesitó tiempo a solas. Aun así, la gente estaba hambrienta de oír su palabra y lo siguieron a la orilla. Estaban localizados a una buena distancia del pueblo y nadie había planeado estar tan lejos del pueblo donde estaban los alimentos. Los discípulos recomendaron que los seguidores se alimentaran ellos mismos. Jesús en cambio les pidió a los discípulos que les dieran de comer. Eso tuvo que ser sorprendente para los doce, pues solo tenían un par de peces y cinco panes. Pero ellos eran obedientes e hicieron lo que Jesús le pidió. Jesús tomo el pan, lo bendijo, lo partió y se los dio. ¿Suena familiar verdad? No solo los cinco panes y dos peces alimentaron a 5,000 personas, sino que sobró 12 canastas de panes y peces. Fue un milagro.

 

Podemos ver muchas enseñanzas de esta experiencia. Nos demuestra que cuando creemos y ponemos nuestra confianza en Dios, las cosas que perecen imposible son de hecho posible cuando hacemos lo mejor por enfocarnos en las necesidades de los demás. Jesús necesitó tiempo a solas para pensar y volver a conectarse con el Padre después de la pérdida de Juan Bautista. En vez de sentir coraje o cuestionar la muerte de Juan, Él les sirvió a los que estaban reunidos y dio gracias a Dios por la comida provista. Este evento fue también precursor al milagro del cual somos testigos cada vez que vamos a Misa y recibimos la Eucaristía.

 

Al rendirnos ante estos tiempos difíciles que estamos pasando y entregarlos a Jesús, podemos ver los milagros que la vida nos trae cada día. Ten la valentía hoy de alimentar a alguien que esté hambriento por conocer a Dios.