Reflexión en Español de Evangelio del Domingo 30 de Agosto

Monseñor Gregory Parkes

Unimos nuestro sufrimiento al sufrimiento de Jesús

 

Ninguno de nosotros quiere ver a alguien que amamos tener que sufrir y, ciertamente, el pensar que nuestros seres queridos mueran un día puede causarnos tristeza y dolor e incluso negación. Por lo tanto, no debe sorprendernos la reacción de Pedro ante la declaración de Jesús en el Evangelio de hoy de que tendría que sufrir y lo iban a matar. A esto Pedro responde: “No lo permita Dios, Señor; eso no te puede suceder a ti”. Sin embargo, lo que sí pudiera sorprendernos es la reacción de Jesús y su respuesta a Pedro: “¡Apártate de mí, Satanás, y no intentes hacerme tropezar en mi camino!”

 

¿Por qué nuestro Señor reaccionó de manera tan fuerte? Lo hizo para enseñar a sus discípulos y a nosotros que el sufrimiento y la muerte son parte de la vida, y en el caso de Jesús, que era necesario que sucediera así, para que se cumpliera el plan de salvación de Dios y el perdón de nuestros pecados.  Jesús, que no hizo más que amar y curar, y mostrar compasión por los demás, sufrió y murió para que nosotros pudiéramos tener vida, la vida eterna. 

 

También quiso enseñarnos que ser cristiano, o sea, creyente y discípulo suyo, también implicaría sufrimiento y persecución. A menudo somos llamados a llevar muchas cruces en nuestra vida, ya sean esas cruces físicas, emocionales o incluso financieras. Jesucristo nos da la fuerza para poder tomar esas cruces y seguirlo con fe. Los santos y santas de nuestra fe son maravillosos ejemplos de personas que soportaron grandes sufrimientos, incluso morir por su fe, para muchas de ellas. Por eso pedimos su intercesión y ayuda en nuestros momentos de prueba.

 

¿Tenemos el valor de tomar nuestras cruces y seguir a Jesús?

 

Un aspecto importante de nuestra fe es que podemos unir nuestro sufrimiento con el de Jesucristo. Esto le da sentido a nuestro sufrimiento y nos permite ofrecerlo por algún bien en favor propio o de otras personas. ¿Crees eso?