Llamados a evangelizar para Cristo

Reflexión en Español de Evangelio del Domingo 20 de Septiembre

Monseñor Gregory Parkes

 

“Yo quiero darle al que llegó al último lo mismo que a ti. ¿Qué no puedo hacer con lo mío lo que yo quiero? ¿O vas a tenerme rencor porque yo soy bueno? De igual manera, los últimos serán los primeros, y los primeros, los últimos’’.

-Mateo 20, 14-16

 

Si creciste en una familia con hermanos o hermanas, probablemente puedas recordar momentos en los que sentiste que te trataban injustamente con relación a ellos. “¿Cómo es que ella recibió eso, pero yo sólo recibí esto?” o “¡Le disté eso a él, pero yo sólo recibí esto!” Sin duda es una de las pruebas en la crianza de los hijos. También ocurre en el lugar de trabajo y a veces, desafortunadamente, en la Iglesia.


En el Evangelio de san Mateo este fin de semana escuchamos acerca de la justicia de Dios en la parábola del propietario. El propietario contrató a los trabajadores en la primera parte del día por un día de salario fijo. Luego contrató más trabajadores al mediodía, y otros más cerca del final del día. Cuando llegó el momento de pagar los últimos trabajadores que fueron contratados y sólo trabajaron unas pocas horas recibieron la misma cantidad que los que fueron contratados primero y trabajaron todo el día. Los que fueron contratados a primera hora de la mañana se molestaron alegando que fueron tratados injustamente. Quizás aparentemente tuvieran razón.


Pero esta parábola es sobre la generosidad del amor de Dios y el Reino de los cielos, no sobre nuestra comprensión humana de lo que es justo o injusto. Es una historia acerca de nuestro llamado personal y de cómo respondemos. Es una historia acerca de la gracia de Dios, y el amor y la misericordia sin fin; de tal manera que, incluso al final de nuestra vida, al final de la jornada, tenemos la oportunidad de aceptar a Cristo y, con la gracia de Dios, obtener nuestra recompensa celestial. Dios desea que todos lleguen a conocerlo y se salven.


Nosotros, a través de nuestro Bautismo, estamos llamados a trabajar para Cristo. Estamos llamados a dar testimonio, a evangelizar, a amar y perdonar, a ser un ejemplo vivo de lo que significa ser cristiano. Pero a menudo nos quedamos cortos en el cumplimiento de ese llamado. Para algunos, puede que pasen años o décadas antes de que tengan una conversión de corazón. Pero, a pesar de su comienzo tardío, Dios los aceptará tal y como son. Otras personas le son fieles a Dios y a sus mandamientos durante toda su vida. Sin embargo, Dios nos ama a todos.


Como los trabajadores que se sintieron tratados injustamente, puede que no entendamos cómo todo esto es posible. Pero recuerden, los caminos de Dios no son nuestros caminos. Y por eso, debemos estar agradecidos.