Ser un buen viñador de la viña

Reflexión en Español de Evangelio del Domingo 4 de Octubre

Monseñor Gregory Parkes

 

“Por esta razón les digo que les será quitado a ustedes el Reino de Dios y se le dará a un pueblo que produzca sus frutos’’.

– Mateo 21,43

 

¿Has intentado alguna vez explicarle algo a alguien, sin que parezca entenderlo? Se lo repites una y otra vez, le das diferentes enfoques, o incluso utilizas diferentes imágenes, pero todo en vano. ¡Estoy seguro de que otras personas han experimentado lo mismo al tratar de explicarme acerca de computadoras y la electrónica!  No es algo que yo pueda entender fácilmente.

 

Por una segunda semana consecutiva Jesús, en el Evangelio según san Mateo, se dirige a los sumos sacerdotes y a los ancianos. Y por un segundo domingo consecutivo usa la imagen de una viña para presentar su caso. La semana pasada fue la historia de los dos hijos a los que se les pidió que fueran a la viña a trabajar. Uno se negó, pero finalmente hizo lo que su padre le había pedido. El otro hijo dijo que sí, pero nunca salió a trabajar. Jesús usó esta ilustración para enseñar a los líderes de la comunidad cómo hacer la voluntad de Dios.

 

Este domingo Jesús utiliza la parábola del propietario, que planta una viña y lo alquila a unos viñadores. Sin embargo, por codicia y celos ellos matan a todos los que el propietario envía cuando llegó el tiempo de la vendimia, incluso al propio hijo del propietario. Éste condena a los que actuaron de esta manera y promete arrendar la viña a otros viñadores, que la cuidarán y producirán buenos frutos. Al final de la parábola Jesús le dice a los sumos sacerdotes y a los ancianos: “…les será quitado a ustedes el Reino de Dios y se le dará a un pueblo que produzca sus frutos’’. Pero no entendieron lo que Jesús estaba tratando de decirles.

 

Sabemos que todo lo que somos y todo lo que tenemos se origina en la bondad y generosidad de Dios. Como los viñadores de la parábola, se nos confía lo que es de Dios y estamos llamados a ser buenos administradores de los dones y talentos que se nos confían, así como de la fe que se nos ha concedido. Y, a través de nuestro Bautismo, estamos llamados a producir una cosecha fructífera para Dios y su Reino. ¿Estamos haciendo eso con nuestra vida? ¿O permitimos que la avaricia, los celos, el consumismo y otros intereses personales ahoguen una vida de fe y caridad? 

 

Lo bueno del caso es que Dios es paciente con nosotros, dispuesto a fortalecernos y guiarnos a través de su palabra y los sacramentos, siempre con la ayuda de su Espíritu que nos ha dado.

 

¿Tienes el valor de ser el buen viñador de la viña, que recibirás lo que se te ha dado y producirás abundantemente para el Reino de Dios?