Preparándonos para entrar en el Reino de los cielos

Reflexión en Español de Evangelio del Domingo 8 de Noviembre

Monseñor Gregory Parkes

 

“Estén pues, preparados, porque no saben ni el día ni la hora”.

– Mateo 25, 13

 

Estamos llegando al final de lo que ha sido una temporada de huracanes muy activa. Ha sido tan activa, que ahora estamos usando las letras del alfabeto griego para nombrar las tormentas debido a que se nos acabó la lista tradicional de nombres de nuestro alfabeto. Y una vez más me viene a la mente que, a pesar de todas las advertencias para prepararse con suficiente anticipación para un huracán que se aproxima, todavía hay quienes no lo hacen y luego se encuentran en una situación muy difícil -sin alimentos, agua, electricidad o suministros. Espero que estés de acuerdo en que esas personas no tienen a nadie a quien culpar, sino a ellos mismos por no prestar atención a las advertencias.

 

La lectura del Evangelio del domingo de san Mateo trata sobre la preparación para la segunda venida del Señor y la entrada en el Reino de los cielos.  En la parábola de las 10 vírgenes la mitad de las vírgenes fueron al encuentro del esposo con las lámparas llenas; las otras estaban mal preparadas. Después de algún retraso el esposo finalmente llegó y recibió a las que estaban totalmente preparadas. Las que no estaban preparadas se quedaron fuera y no se les permitió entrar en el banquete nupcial. El esposo de la parábola es Jesús, y la gente de su época y de hoy son las vírgenes. No sabemos ni el día ni la hora en que Jesús regresará en su gloria. Por lo tanto, se nos recuerda que debemos estar preparados. Pero a aquellas personas que no están preparadas, que no han hecho la obra del Señor y vivido el Evangelio, Jesús les dirá: “Yo les aseguro que no las conozco”. 

 

Cuando Jesús regrese al final de los tiempos para juzgar a los vivos y a los muertos, ¿te reconocerá por tu amor, compasión, generosidad y perdón a los demás? ¿O te dirá: “No te conozco”?  Éstas son ciertamente palabras serias, a considerar por todos. Lo bueno es que todavía hay tiempo para poner tu vida en orden y empezar a vivir la vida para la cual Dios te creó.

 

Ten la valentía de abrir tu corazón al amor y al perdón de Dios.  Dedica tiempo para prepararte bien, porque nunca sabes cuándo llegará el esposo.