Ten el valor de ser la voz

Reflexión en Español de Evangelio del Domingo 6 de Diciembre

Monseñor Gregory Parkes

 

“He aquí que yo envío a mi mensajero delante de ti, a preparar tu camino. Voz del que clama en el desierto: ‘Preparen el camino del Señor, enderecen sus senderos’”.

– Marcos 1,2-3

 

A lo largo de la historia de la salvación los judíos esperaban al Mesías prometido. Los profetas predijeron el que iba a venir. La gente, a menudo, no reconocía las señales o simplemente no escuchaba. Tal como sucede hoy con los comerciales de televisión o radio, tal vez habían oído hablar de esa venida durante muchos años, incluso siglos, pero sencillamente la ignoraron. Después de escuchar un mensaje varias veces, puede que llegue a sernos agotador o hasta ineficaz.

 

Este fin de semana leemos en los primeros versículos del Evangelio de san Marcos acerca de un hombre muy interesante llamado Juan el Bautista, que vestía con ropa hecha de pelo de camello y se alimentaba de saltamontes y miel silvestre. En Juan se cumplió la profecía de Isaías: “He aquí que yo envío a mi mensajero delante de ti. Voz del que clama en el desierto:Preparen el camino del Señor’“. 

 

Juan era diferente. No era ni fariseo ni funcionario del templo. Vivía en el desierto y predicaba a los que encontraba o a cualquiera que lo escuchara. No tenía que salir en busca de personas. Las Escrituras nos dicen que vinieron a verlo desde la comarca de Judea y desde Jerusalén. Juan era una figura exuberante en su tiempo. Su mensaje era sobre la necesidad del arrepentimiento y de que uno más poderoso que él vendría – uno que bautizaría con el Espíritu Santo. 

 

¿Por qué aparecería así… en el desierto? Después de todo, ¿no habría sido más eficaz llegar a una mayor audiencia en la ciudad y con una apariencia más normal? Tal vez fuese porque Dios no lo quiso así. En el mundo de hoy podemos desorientarnos por los muchos mensajes en los medios sociales y electrónicos. Tal vez Dios nos esté llamando a cortar por lo sano tanta desinformación y mejor escucharlo a él. Los profetas predijeron lo que vendría; sin embargo, la mayoría no escuchó y muchos hoy en día todavía no escuchan.

 

Puede que no estemos vestidos como Juan el Bautista o sigamos su régimen alimenticio, pero podemos ser esa voz que clama en el desierto de hoy e invitar a otras personas a conocer al Señor. Tengamos la valentía de proclamar la buena nueva en casa, en el trabajo, en la escuela y en la comunidad”.