La Sagrada Familia de Jesús, María y José

Reflexión en Español de Evangelio del Domingo 27 de Diciembre

Monseñor Gregory Parkes

 

“Señor, ya puedes dejar morir en paz a tu siervo, según lo que me habías prometido, porque mis ojos han visto a tu Salvador, al que has preparado para bien de todos los pueblos; luz que alumbra a las naciones y gloria de tu pueblo, Israel”.

– Lucas 2, 29-32

 

Puede que recuerdes con qué ilusión esperabas la mañana de Navidad durante tu infancia. Habías esperado durante meses, habías visto los anuncios de ofertas en la televisión, y los regalos y decoraciones por todas partes. Probablemente pensaste que la Navidad se demoraba mucho en llegar. Pero sabías que vendría y probablemente contabas los días en tu calendario de Adviento. ¡Por fin llegó el día y era hora de celebrar!


En la celebración de la fiesta de la Sagrada Familia este domingo se nos relata la presentación de Jesús en el templo por José y María en el tiempo prescrito por la ley judía. Simeón y Ana estaban en el templo, manteniendo una vigilia de oración aguardando “el consuelo de Israel”, como escribe Lucas. Simeón era un hombre de oración, que vivía esperando el día en que vería al Señor. El Evangelio nos dice que el Espíritu Santo le dijo a Simeón que no moriría hasta que viera al redentor.


En este día se encuentra finalmente con Jesús. En lugar de tirarse a la calle como para un desfile o de crear un evento de celebración, ofrece una tranquila oración de agradecimiento a Dios. Mientras tanto, Ana, una mujer de oración que pasaba día y noche rezando y ayunando en el templo también dio gracias a Dios. Bien pudiera decirse que fue una de las primeras mujeres en proclamar la buena nueva, pues como nos dice la Escritura, ella recibió ese momento”…dando gracias a Dios y hablando del niño a todos los que aguardaban la liberación de Israel”.

 

Algunas cosas requieren toda una vida de trabajo y perseverancia para lograrlas. Sin embargo, muchas veces exigimos una gratificación instantánea. Esperamos que Dios responda a nuestras oraciones dentro del tiempo que nosotros fijamos. Pero el horario de Dios es diferente al nuestro. Simeón esperó toda su vida para ver a Dios. Dios cumplió su promesa a Simeón, que seguro habría hecho mil oraciones con miles de esperanzas y pasado por muchas decepciones. Finalmente, su sueño se realizó y Dios recompensó su paciencia.

¿Qué es lo que deseamos o por lo que esperamos? Ofrécele hoy a Dios una oración de gratitud por los dones de esta vida, por los ya recibidos y por los que están por venir. Pidamos un espíritu paciente para que se haga la voluntad de Dios, no la nuestra; y en el tiempo de Dios, no en el nuestro.