Reflexión de Evangelio (1/17/2021)

 

Vengan a ver

Reflexión en Español de Evangelio del Domingo 17 de Enero

Monseñor Gregory Parkes

 

“Él les dijo: ‘Vengan a ver’.” – Juan 1, 39

 

La semana pasada entramos en lo que se llama el Tiempo Ordinario en el calendario de la Iglesia. La palabra “ordinario” se utiliza típicamente para describir algo que no es particularmente especial o distintivo. Esto definitivamente no es cierto en cuanto a la forma que la Iglesia usa esa palabra. Durante el tiempo ordinario, las lecturas del Evangelio nos revelan la vida pública cotidiana de Jesús y de su ministerio, nos dan una perspectiva sobre cómo era su vida y cómo se relacionaba con las personas que llegaban a su vida.


Este domingo leemos en el capítulo 1 del Evangelio de san Juan cómo Jesús comienza a llamar a sus discípulos. En primer lugar, pregunta a aquellos que comenzaron a seguirlo: “¿Qué buscan?” Ellos le responden dirigiéndose a él con el título de rabino o maestro y luego le preguntan dónde se está quedando. Jesús les responde: “Vengan a ver”.
La pregunta “¿Qué estás buscando?” y la invitación de Jesús, “Vengan a ver” también nos interpelan a ti y a mí. ¿Qué buscas en la vida? ¿Qué te satisface y te da paz? ¿Dónde buscas la paz y la felicidad para tu vida? Por supuesto, la respuesta a cada una de estas preguntas es Jesucristo, la fuente de nuestra esperanza, de nuestra paz y de nuestro gozo. Desafortunadamente, muchas personas no reconocen esto y pasan su vida buscando en otros lugares.

 

Al comienzo del tiempo ordinario y al comienzo de este año nuevo, Jesús te invita a venir y pasar algún tiempo con él. Te invita a que vengas a conocerlo mejor. Te invita a tener una relación cercana y personal con él. ¿Tienes el valor de hacerlo? Si la respuesta es sí, cosas extraordinarias pueden pasar en tu vida.

 

Reflexión de Evangelio (1/10/2021)

Nos acercamos más a Dios por medio del Bautismo

Reflexión en Español de Evangelio del Domingo 10 de Enero

Monseñor Gregory Parkes

 

“Tú eres mi Hijo amado; yo tengo en ti mis complacencias”. – Marco 1, 7-11

 

Probablemente has oído la frase “nacido de nuevo”. Es un término con el cual los católicos puede que no estén muy familiarizados, pero muchos de nuestros amigos protestantes sí lo están. Puede ser que hayan sido bautizados o incluso hayan entregado verbalmente su vida a Cristo. Muchos católicos son tradicionalmente bautizados cuando son bebés y en su adolescencia vuelven a comprometerse y confirmar el don del Espíritu Santo que recibieron. Éste puede ser un momento espiritualmente edificante para muchos.

 

El Evangelio de este fin de semana es según san Marcos y nos relata el bautismo de Jesús en el río Jordán. Sabemos que Jesús fue concebido sin pecado y permaneció sin pecado toda su vida. Pues entonces podríamos preguntarnos, “¿por qué Jesús tuvo que ser bautizado?” A lo largo de la historia de la salvación, Dios nos da ejemplos extremos y prácticos de su amor por nosotros. Jesús es su Hijo y tú y yo somos hijos e hijas de Dios. Así como Adán y Eva fueron creados por Dios, también lo fuimos tú y yo. Al igual que Adán y Eva, somos pecadores y a menudo usamos nuestro libre albedrío para hacer malas decisiones. Así es la naturaleza humana. La única manera que podemos alcanzar nuestro lugar en el cielo es siendo limpiados por el agua y el Espíritu Santo, por la sangre del Cordero, o sea, por el sacrificio eterno de Cristo en la cruz.

 

Jesús se sometió al ritual de la purificación que realizaba Juan en el río Jordán; no porque necesitara ser purificado, sino porque nosotros sí lo necesitamos, y por eso santificó las aguas del Bautismo. Dios le dijo a Jesús en su bautismo: ” Tú eres mi Hijo amado; yo tengo en ti mis complacencias.” Imagina al Dios del Universo, creador de todos, diciendo las palabras: “María, Juan, Greg, tú eres mi hija amada, ustedes son mis hijos amados; yo tengo en ustedes mis complacencias, los creé para vivir conmigo, para estar conmigo por toda la eternidad”. Sepan que Dios los ama más que a nada y les invita a acercarse a su corazón.

 

Si deseas conocer más acerca de cómo entrar en comunión con la Iglesia católica y el sacramento del Bautismo, visita la parroquia católica de tu localidad hoy.

 

 

Reflexión de Evangelio (1/3/2021)

Ser como los Reyes Magos

Reflexión en Español de Evangelio del Domingo 3 de Enero

Monseñor Gregory Parkes

 

“…y de pronto la estrella que habían visto surgir, comenzó a guiarlos, hasta que se detuvo encima de donde estaba el niño. Al ver de nuevo la estrella, se llenaron de inmensa alegría. Entraron en la casa y vieron al niño con María, su madre, y postrándose, lo adoraron. Después, abriendo sus cofres, le ofrecieron regalos: oro, incienso y mirra”.

– Mateo 2, 9-11

 

Este fin de semana recordamos y celebramos la Epifanía de nuestro Señor. Es el momento en que el recién nacido Rey de los judíos se manifiesta a las naciones como fue predicho por los profetas. Los judíos habían estado esperando un mesías durante muchas generaciones. Pero ahora, Cristo el Señor es reconocido como rey por los paganos, o sea, por los no creyentes; pero, sin embargo, llegaron a conocer y comprender el significado de este nacimiento milagroso.


Los magos reconocieron las señales de que algo significativo estaba ocurriendo. Eran astrónomos, que buscaban en las estrellas una respuesta para lo que estaba sucediendo. Vieron en lo alto del cielo una nueva estrella como nunca antes habían visto. El rey Herodes estaba celoso y preocupado por esta revelación de un rey recién nacido en su territorio. Se sentía amenazado porque otra persona, y mucho menos un bebé, pudiera desafiar su poder. Mientras tanto, los magos encontraron al Niño, le rindieron homenaje ofreciéndole los regalos preciosos y significativos de oro, incienso y mirra.


A medida que nos adentramos en la narrativa navideña es interesante notar que las personas que fueron consideradas más importantes en la sociedad de aquel momento no eran las que recibían la revelación del nacimiento de este Niño. Los sumos sacerdotes, oficiales del templo, el rey secular y otras autoridades eran todos personajes externos. Fueron los sencillos y humildes pastores y los magos, los primeros en recibir la buena nueva del nacimiento del Salvador, y los que encontraron el camino para llegar al Niño. Cristo estaba en presencia de ellos, pero las autoridades locales no lo reconocieron y siempre se sentirían amenazadas por él hasta el momento de su muerte.


¿Sigue siendo así nuestro mundo de hoy? ¿Reconocemos las persuasiones del Espíritu Santo en nuestra vida, que nos están apremiando a una relación más estrecha con Jesucristo? Si bien es posible que no tengas oro, incienso y mirra para ofrecer, el mejor regalo que puedes dar a Jesús en este año nuevo es tu corazón y tu alma. Haz la resolución este año de que Jesucristo sea el rey de tu vida.

 

Reflexión de Evangelio (12/27/2020)

 

La Sagrada Familia de Jesús, María y José

Reflexión en Español de Evangelio del Domingo 27 de Diciembre

Monseñor Gregory Parkes

 

“Señor, ya puedes dejar morir en paz a tu siervo, según lo que me habías prometido, porque mis ojos han visto a tu Salvador, al que has preparado para bien de todos los pueblos; luz que alumbra a las naciones y gloria de tu pueblo, Israel”.

– Lucas 2, 29-32

 

Puede que recuerdes con qué ilusión esperabas la mañana de Navidad durante tu infancia. Habías esperado durante meses, habías visto los anuncios de ofertas en la televisión, y los regalos y decoraciones por todas partes. Probablemente pensaste que la Navidad se demoraba mucho en llegar. Pero sabías que vendría y probablemente contabas los días en tu calendario de Adviento. ¡Por fin llegó el día y era hora de celebrar!


En la celebración de la fiesta de la Sagrada Familia este domingo se nos relata la presentación de Jesús en el templo por José y María en el tiempo prescrito por la ley judía. Simeón y Ana estaban en el templo, manteniendo una vigilia de oración aguardando “el consuelo de Israel”, como escribe Lucas. Simeón era un hombre de oración, que vivía esperando el día en que vería al Señor. El Evangelio nos dice que el Espíritu Santo le dijo a Simeón que no moriría hasta que viera al redentor.


En este día se encuentra finalmente con Jesús. En lugar de tirarse a la calle como para un desfile o de crear un evento de celebración, ofrece una tranquila oración de agradecimiento a Dios. Mientras tanto, Ana, una mujer de oración que pasaba día y noche rezando y ayunando en el templo también dio gracias a Dios. Bien pudiera decirse que fue una de las primeras mujeres en proclamar la buena nueva, pues como nos dice la Escritura, ella recibió ese momento”…dando gracias a Dios y hablando del niño a todos los que aguardaban la liberación de Israel”.

 

Algunas cosas requieren toda una vida de trabajo y perseverancia para lograrlas. Sin embargo, muchas veces exigimos una gratificación instantánea. Esperamos que Dios responda a nuestras oraciones dentro del tiempo que nosotros fijamos. Pero el horario de Dios es diferente al nuestro. Simeón esperó toda su vida para ver a Dios. Dios cumplió su promesa a Simeón, que seguro habría hecho mil oraciones con miles de esperanzas y pasado por muchas decepciones. Finalmente, su sueño se realizó y Dios recompensó su paciencia.

¿Qué es lo que deseamos o por lo que esperamos? Ofrécele hoy a Dios una oración de gratitud por los dones de esta vida, por los ya recibidos y por los que están por venir. Pidamos un espíritu paciente para que se haga la voluntad de Dios, no la nuestra; y en el tiempo de Dios, no en el nuestro.

 

Reflexión de Evangelio (12/20/2020)

 

Cumplan la voluntad de Dios con fe y confianza

Reflexión en Español de Evangelio del Domingo 20 de Diciembre

Monseñor Gregory Parkes

 

María contestó: “Yo soy la esclava del Señor; cúmplase en mí lo que me has dicho”.

– Lucas 1, 38

 

Este fin de semana la Iglesia celebra el cuarto y último domingo de Adviento. El pasaje del Evangelio de san Lucas en este domingo es el relato de la Anunciación, cuando el ángel Gabriel anuncia a María que dará a luz al Salvador.


Imagínate cómo se habrá sentido esta joven adolescente en ese momento. Dice la Escritura que ella “se preocupó” por el saludo del ángel y se preguntó qué querría decir semejante saludo. Sin embargo, el ángel le asegura que no hay necesidad de temer porque ha hallado gracia ante Dios. Entonces el ángel dice: “Vas a concebir y a dar a luz un hijo y le pondrás por nombre Jesús”. María responde, “¿Cómo podrá ser esto?” En lenguaje de hoy en día se puede parafrasear así lo que el ángel le contesta: “no te preocupes, el Espíritu Santo descenderá sobre ti y Dios hará esto posible. Y como prueba de ello te digo que tu pariente Isabel, que es demasiado mayor para tener un hijo, también está embarazada, porque nada es imposible para Dios”.


La mayoría de las mujeres pensarían que esto fue un sueño, que debió haber sido una alucinación o producto de la imaginación. Pero María no era una mujer común. Ella fue favorecida por Dios y consintió a las promesas del Señor. Su fiel respuesta, conocida como su fíat fue: “Yo soy la esclava del Señor; cúmplase en mí lo que me has dicho”.


¿Cuántas veces nos preguntamos cuál será el propósito de Dios? ¿Está Dios realmente pidiéndome que haga lo que creo que me está pidiendo? Todos queremos tener la certeza de que lo que hacemos se basa en la voluntad de Dios. Puede que no tengamos un ángel enviado a nosotros para darnos el mensaje como a María, pero tenemos el Espíritu Santo en nuestro corazón para guiarnos y darnos seguridad.


Pídele al Señor hoy que llene tu corazón de confianza, obediencia y fe; un corazón que discierne y ora, pues cuando invitas a Dios a estar presente en las decisiones que tienes que hacer, ya sean grandes o pequeñas, Dios te guiará para que hagas lo que es mejor. Se necesita fe y confianza para cumplir la voluntad de Dios. Ésta es otra manera de Vivir Valientemente el Evangelio.

 

¡Que tú y tus seres queridos tengan una Feliz Navidad!

Reflexión de Evangelio (12/13/2020)

Vivimos valientemente el Evangelio a través de nuestras vidas

Reflexión en Español de Evangelio del Domingo 13 de Diciembre

Monseñor Gregory Parkes

 

Juan les contestó: “Yo soy la voz que grita en el desierto: ‘Enderecen el camino del Señor’”.

– Juan 1, 23

 

¿Has dicho alguna vez o escuchado decir a alguien: “¿Quién te crees que eres?” Normalmente se dice esto para cuestionar la autoridad de lo que alguien dice o hace. Y probablemente éste fuera el caso de Juan el Bautista, como leemos en el Evangelio de san Juan de este fin de semana. Algunos sacerdotes, levitas y fariseos fueron enviados por otros para cuestionar a Juan el Bautista. Le preguntaron: “¿Quién eres, pues?” ¿Eres Elías?” Él les respondió: “No lo soy”. “¿Eres el profeta?” Respondió: “No”. Y, citando al profeta Isaías, continuó diciendo: “Yo soy la voz que grita en el desierto: «Enderecen el camino del Señor»”. Juan estaba proclamando la llegada del Mesías.


En este tercer domingo de Adviento conocido como el domingo de gaudete, palabra que significa regocijo, también nosotros esperamos su llegada con una alegre esperanza.
Si alguien te preguntara: “¿Quién eres?”, “¿Eres cristiano?”, ¿cómo responderías? ¿Podría la gente decir que eres un discípulo de Jesucristo por tu manera de actuar y de expresarte? Mucha gente de hoy en día aseguran ser espirituales, pero no religiosos. Otros dicen que son cristianos, pero no practican la fe ni viven de una manera cristiana. Claro que todos los cristianos tropezamos en el camino y no siempre somos los mejores en dar testimonio de nuestra fe. Pero, con la ayuda de Dios, seguimos adelante.


Normalmente se podemos identificar a un cristiano auténtico por su manera de vivir. Irradian amor, compasión, comprensión y misericordia, y están dispuestos a compartir su fe con cualquier persona que esté dispuesta a escuchar. ¿Tienes la valentía para hacer esto? Estamos llamados a Vivir Valientemente el Evangelio en nuestra propia vida. Pídele al Espíritu Santo que te dé la fuerza y la valentía para hacerlo”.

 

 

Reflexión de Evangelio (12/6/2020)

Ten el valor de ser la voz

Reflexión en Español de Evangelio del Domingo 6 de Diciembre

Monseñor Gregory Parkes

 

“He aquí que yo envío a mi mensajero delante de ti, a preparar tu camino. Voz del que clama en el desierto: ‘Preparen el camino del Señor, enderecen sus senderos’”.

– Marcos 1,2-3

 

A lo largo de la historia de la salvación los judíos esperaban al Mesías prometido. Los profetas predijeron el que iba a venir. La gente, a menudo, no reconocía las señales o simplemente no escuchaba. Tal como sucede hoy con los comerciales de televisión o radio, tal vez habían oído hablar de esa venida durante muchos años, incluso siglos, pero sencillamente la ignoraron. Después de escuchar un mensaje varias veces, puede que llegue a sernos agotador o hasta ineficaz.

 

Este fin de semana leemos en los primeros versículos del Evangelio de san Marcos acerca de un hombre muy interesante llamado Juan el Bautista, que vestía con ropa hecha de pelo de camello y se alimentaba de saltamontes y miel silvestre. En Juan se cumplió la profecía de Isaías: “He aquí que yo envío a mi mensajero delante de ti. Voz del que clama en el desierto:Preparen el camino del Señor’“. 

 

Juan era diferente. No era ni fariseo ni funcionario del templo. Vivía en el desierto y predicaba a los que encontraba o a cualquiera que lo escuchara. No tenía que salir en busca de personas. Las Escrituras nos dicen que vinieron a verlo desde la comarca de Judea y desde Jerusalén. Juan era una figura exuberante en su tiempo. Su mensaje era sobre la necesidad del arrepentimiento y de que uno más poderoso que él vendría – uno que bautizaría con el Espíritu Santo. 

 

¿Por qué aparecería así… en el desierto? Después de todo, ¿no habría sido más eficaz llegar a una mayor audiencia en la ciudad y con una apariencia más normal? Tal vez fuese porque Dios no lo quiso así. En el mundo de hoy podemos desorientarnos por los muchos mensajes en los medios sociales y electrónicos. Tal vez Dios nos esté llamando a cortar por lo sano tanta desinformación y mejor escucharlo a él. Los profetas predijeron lo que vendría; sin embargo, la mayoría no escuchó y muchos hoy en día todavía no escuchan.

 

Puede que no estemos vestidos como Juan el Bautista o sigamos su régimen alimenticio, pero podemos ser esa voz que clama en el desierto de hoy e invitar a otras personas a conocer al Señor. Tengamos la valentía de proclamar la buena nueva en casa, en el trabajo, en la escuela y en la comunidad”.

Reflexión de Evangelio (11/29/2020)

Prepárense

Reflexión en Español de Evangelio del Domingo 29 de Noviembre

Monseñor Gregory Parkes

 

“En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: ‘Velen y estén preparados, porque no saben cuándo llegará el momento’”.

– Marcos 13,33

Este fin de semana celebramos el primer domingo de Adviento y el comienzo del nuevo año litúrgico. También es el fin de semana de Acción de Gracias.  Generalmente, nuestra imagen del Adviento se concentra en la preparación para el nacimiento de nuestro Salvador en la Navidad. La espera y el nacimiento de un niño genera en nosotros emociones de esperanza y alegría. Aun así, la lectura del Evangelio de Marcos este fin de semana parece un poco más fatídica.   

  

El Adviento es, en efecto, un tiempo de preparación. Nos preparamos para celebrar el nacimiento de Jesucristo en la historia y nos preparamos para su segunda venida gloriosa al final de los tiempos. A esto último se refiere nuestro Señor cuando dice: “…así también velen ustedes, pues no saben a qué hora va a regresar el dueño de la casa…No vaya a suceder que llegue de repente y los halle durmiendo. Lo que les digo a ustedes, lo digo para todos: permanezcan alerta”. De hecho, una variación del verbo “velar” se usa tres veces en esta breve lectura del Evangelio.

 

Jesús menciona las horas del día en las que normalmente estamos más cansados o soñolientos: la tarde, la mañana, la medianoche o el amanecer. Éstos son los momentos en que es más difícil mantenerse despierto y alerta. Jesús no estaba usando estos tiempos en el sentido literal, sino más bien en sentido figurado. La realidad es que mucha gente vive su vida de forma automática. Podemos caer en los hábitos, y perder el sentido y el significado de por qué hacemos ciertas cosas – como ir a Misa cada fin de semana. Algunos dejan de ir un domingo, luego otro, hasta que se convierte en hábito.

 

Sabemos que nuestro Señor regresará en su gloria para juzgar a vivos y muertos. Nuestro tiempo en la tierra es sólo un momento en el tiempo y no sabemos cuánto tiempo podemos tener. Por lo tanto, debemos estar preparados.

 

Vive cada día como si pudiera ser tu último día. No dejemos para mañana lo que deberíamos hacer hoy. Dile a tu familia y amigos que los amas y perdona a los que necesitan ser perdonados. Busca el perdón de Dios también para ti. Sé la persona que Dios quiere que seas. Prepárate. Si así lo haces, no tienes por qué sentir ansiedad por el regreso del Maestro. 

 

Reflexión de Evangelio (11/22/2020)

Cada día es una nueva oportunidad

Reflexión en Español de Evangelio del Domingo 22 de Noviembre

Monseñor Gregory Parkes

 

“Y el rey les dirá: ‘Yo les aseguro que, cuando lo hicieron con el más insignificante de mis hermanos, conmigo lo hicieron’”.

– Mateo 25,40

 

¿Te preocupabas por los exámenes cuando estabas en la escuela? Yo sí. Aunque normalmente estudiaba, de vez en cuando me preguntaba si el profesor haría una pregunta para la cual yo no estaría preparado para responder. También me preocupaba lo que dirían mis padres si llegaba a casa con una mala nota o un mal resultado en un examen. Ese temor probablemente me hizo estudiar y prepararme aún más.

 

Este fin de semana celebramos la solemnidad de Nuestro Señor Jesucristo, Rey del Universo, o el domingo de Cristo Rey. Es el último domingo del año litúrgico de la Iglesia y la próxima semana comenzamos un año nuevo con el primer domingo de Adviento. A lo largo de los tiempos litúrgicos escuchamos relatos sobre la vida de Jesús, de cómo nuestro Señor vivió y trabajó entre su pueblo. A menudo se refiere a sí mismo como el “Hijo del hombre”, preparando así a sus discípulos para la segunda venida. En la segunda venida gloriosa, Jesús juzgará a los vivos y a los muertos. Algunos serán admitidos al Reino de Dios, otros no.

 

Todos seremos llamados a dar cuenta a Dios de nuestra vida al final de nuestros días en la tierra. En cierto sentido, es como un examen. Si te encontraras con el Señor hoy día, ¿te preocuparía lo que dirías? ¿Estarías preparado? ¿Has practicado lo que se conoce como las obras corporales de misericordia, que escuchamos en el Evangelio de hoy?  

 

¿Has alimentado a los hambrientos y has provisto a los necesitados? ¿Has vestido al desnudo y acogido al extranjero? ¿Has visitado a los que están en prisión y cuidado a los enfermos, o al menos has rezado por ellos? El Evangelio proporciona la base para un buen examen de conciencia a través del cual reconocemos lo que hemos hecho y lo que no hemos hecho.

 

La bueno es que, si sientes que te has quedado corto en estas áreas, aún tienes tiempo para cambiar las cosas, aún hay tiempo para que estudies y te prepares. Cada día es una nueva oportunidad para vivir conforme al propósito para el cual Dios nos creó y responder a su llamado. Al amar y cuidar a nuestro prójimo expresamos nuestro amor a Dios. Da gracias a Dios por sus muchas bendiciones y comparte esas bendiciones con otras personas como un acto de gratitud a Dios.

 

Reflexión de Evangelio (11/15/2020)

¿Estás usando tus talentos para la gloria de Dios?

Reflexión en Español de Evangelio del Domingo 15 de Noviembre

Monseñor Gregory Parkes

 

“Se acercó luego el que había recibido dos talentos y le dijo: ‘Señor, dos talentos me dejaste; aquí tienes otros dos, que con ellos he ganado’. Su señor le dijo: ‘Te felicito, siervo bueno y fiel. Puesto que has sido fiel en cosas de poco valor, te confiaré cosas de mucho valor. Entra a tomar parte en la alegría de tu señor’”.

-Mateo 25, 22-23

 

Durante mis años de crecimiento me llegaba ocasionalmente algún dinero; así fuese un regalo de cumpleaños o por Navidad, o lo había ganado repartiendo periódicos o haciendo algunas tareas o trabajitos. Mis padres me recordaban a menudo que ahorrara algo poniéndolo en el banco para ganar un poco de interés. Aunque deseaban que lo disfrutara, no querían que lo desperdiciara en cosas frívolas. Me enseñaron la importancia de prepararme para el futuro y el valor del dinero.  A medida que crecía, aprendí que estas lecciones también eran aplicables a mi fe.

 

Nos acercamos al final de otro año litúrgico. El próximo domingo es la solemnidad de Nuestro Señor Jesucristo, Rey del Universo y de ahí comenzamos un nuevo año eclesiástico con la celebración del Adviento. En el Evangelio de hoy Jesús les cuenta a sus discípulos otra parábola. Había un hombre que iba de viaje y le dejó sus bienes encargados a tres de sus sirvientes para que los supervisaran. Le dio a un sirviente cinco talentos, a otro entregó dos talentos y al tercero un talento. Los dos con las cantidades más grandes rápidamente comerciaron con otros y doblaron su dinero. Pero el sirviente que sólo tenía un talento decidió enterrarlo para no perderlo. Cuando el amo regresó, interrogó a cada sirviente. Los dos primeros sirvientes informaron que ganaron más dinero para el amo y éste los recompensó por sus esfuerzos. Pero al sirviente que sólo tenía un talento y no hizo nada para hacerlo crecer, se lo quitaron y fue despedido inmediatamente.

 

Es interesante que llamen al dinero talentos. Hoy en día usamos la palabra talento para describir lo que podemos hacer muy bien, mejor que otros. Algunas personas tienen más que otras, pero todos tenemos al menos un talento. Reconocemos que nuestros talentos vienen de Dios. Por eso cuando alguien tiene un talento excepcional como una mente aguda, o aptitudes artísticas o habilidades atléticas, decimos que es un “don de Dios”. Dios nos llama a usar estos talentos para alcanzar nuestro máximo potencial, y para el bien de la sociedad y de los demás.  

 

Como cristianos también estamos llamados a usar nuestros talentos para servir a los demás y dar gloria a Dios. ¿Haces esto o usas tus talentos sólo para tu beneficio propio? ¿Utilizas tu tiempo libre para avanzar el Reino estudiando la Palabra de Dios y ayudando a los demás… o pierdes el tiempo jugando en la computadora? ¿Te esfuerzas por cuidar de los menos afortunados o pasas noche tras noche frente al televisor? No hay nada malo en relajarse y disfrutar de un tiempo libre al final de un día ajetreado. Pero recuerda que en la parábola el que no hizo nada con el talento que se le dio fue rechazado por su amo.  

 

¿Estás usando tus talentos al máximo? Si no es así, haz un nuevo inicio y un nuevo comenzar. Esfuérzate cada día en el trabajo, el hogar, la escuela, la Iglesia y en la comunidad por usar lo mejor posible todos los talentos que Dios te ha dado para el bien de los demás y para dar gloria a Dios.