Reflexión de Evangelio (4/11/2021)

El amor misericordioso de Dios

Reflexión en Español de Evangelio del Domingo 11 de Abril

Monseñor Gregory Parkes

 

“Dichosos los que creen sin haber visto”. – Juan 20, 29

 

¿Crees todo lo que lees o escuchas? Los medios de comunicación social de hoy en día pueden ofrecernos una gama de medias verdades o de mentiras y presentarlas de manera que parezcan verdades acerca de cualquier acontecimiento. Incluso los llamados “medios de comunicación fiables” pueden presentar una visión torcida o parcial de lo sucedido. Nos hemos acostumbrado a la expresión “noticias falsas”. Entonces, ¿qué debemos creer?

Dudar es propio de la naturaleza humana. Lo vemos demostrado en el Evangelio de san Juan de este fin de semana. Encontramos a Tomás, desconfiado de que sus amigos habían verdaderamente visto a Jesús. Luego, a la semana siguiente, Tomás ve a Jesús con sus propios ojos y toca sus llagas. Y así llegó a creer. Pero Jesús le dice a Tomás y a nosotros, “Dichosos los que creen sin haber visto”.

La fe es algo poderoso, al igual que la misericordia. Para tener fe debemos dejar al lado lo que es lógico y lo que sabemos que es verdad por propia experiencia, y poner nuestra confianza en alguien o en algo que está más allá de nuestra capacidad de evidenciar. Por ser humanos, a veces defraudamos a la gente. Los amigos y la familia confían en ti. Tienen fe en lo que puedes hacer, pero a menudo te quedas corto. Les decepcionas o te decepcionan. Como consecuencia, nos cuesta tener fe en los demás a menos que los conozcamos realmente y confiemos en ellos.

Lo mismo ocurre con Jesús. ¿Conoces realmente a Jesús y crees en él? ¿Confías de veras en él? Nuestro Señor, por su gran misericordia, nos ama a pesar de nuestras dudas, de nuestros cuestionamientos y de nuestra incredulidad. Deberíamos tomar esto como una lección de vida, para mostrar misericordia a los demás cuando cometen errores o dudan de nuestras intenciones o esfuerzos. En este Domingo de la Divina Misericordia demos gracias a Dios por su amor misericordioso y por su paciencia con nosotros, y pidámosle que nos ayude a ser más indulgentes y pacientes con los demás.

Reflexión de Evangelio (4/4/2021)

Bendiciones de Pascua

Reflexión en Español de Evangelio del Domingo 4 de Abril

Monseñor Gregory Parkes

 

“Sabemos por tu gracia que estás resucitado; la muerte en ti no manda. Rey vencedor, apiádate de la miseria humana y da a tus fieles parte en tu victoria santa. Amen. Aleluya”.

– Victimae paschali laudes para el Domingo de Pascua de la Resurrección del Señor

 

¡Jesucristo ha resucitado! ¡En verdad resucitó! La Pascua es un acontecimiento decisivo, porque el poder de la resurrección de Jesucristo nos concede la gracia que transforma nuestra vida. El don de la vida eterna, el don del perdón y el don de la esperanza se hacen posibles por la resurrección. Jesucristo, tanto en su naturaleza humana como divina, cumplió a la perfección la voluntad de su Padre por amor a ti y a mí. Lo que le sucedió a Jesucristo en la cruz y en el sepulcro hace dos mil años es importante para cada uno de nosotros hoy y siempre.

El camino de la oscuridad hacia la luz lo experimentamos todos, y no sólo una vez, sino en varios momentos de la vida. Cualesquiera cosas que en estos momentos te sea una carga –así sea el temor, la ansiedad, la depresión o cualquier otro peso– se puede confrontar con la esperanza que tenemos en Jesucristo.  Dios restaura y hace nuevas todas las cosas por medio de Jesucristo, que es la fuente de nuestra esperanza y alegría. Ésta es nuestra fe y es el mensaje que proclamamos en nuestro testimonio diario de compasión y amor.

Todos somos miembros de la familia de Dios. En la Pascua y en cada Misa estamos llamados a celebrar la muerte y resurrección de Jesucristo, y a dar gracias por lo que él ha hecho por nosotros. Respondamos a esta invitación con alegría en el corazón y esperanza en el futuro. ¡Bendiciones de Pascua para ti!

Reflexión de Evangelio (3/28/2021)

Domingo de Ramos

Reflexión en Español de Evangelio del Domingo 28 de Marzo

Monseñor Gregory Parkes

 

“¡Hosanna! ¡Bendito el que viene en nombre del Señor!”. – Marcos 11, 9

 

Las multitudes gritaban “¡Hosanna, bendito el que viene en el nombre del Señor!”. Eso es lo que escuchamos en este Evangelio de san Marcos del Domingo de Ramos cuando Jesús entra en Jerusalén. Sólo unos días después la multitud caprichosa se volverá contra él y se dejará llevar por la opinión pública, y la presión religiosa y política. En los dos últimos años del ministerio de Jesús la gente había optado por una de estas tres actitudes: Le amaban y creían en él; habían oído hablar de él y sabían que atraía a las multitudes, pero no estaban del todo convencidos; o, en tercer lugar, lo cuestionaban y de hecho lo despreciaban como blasfemo, y buscaban alguna manera de atraparlo. 

 

“¡Bendito el que viene en nombre del Señor! ¡Hosanna en el cielo!” Estas palabras nos son familiares, ¿verdad? Proclamamos estas palabras cada vez que celebramos la Eucaristía cuando recitamos o cantamos el Sanctus o Santo, Santo, Santo. Nuestra fe hace que reconozcamos a nuestro Señor y lo proclamemos rey en cada Misa. Sin embargo, igual que la multitud caprichosa, al salir de la iglesia y volver a la sociedad podemos caer en nuestros viejos hábitos igual que la multitud caprichosa, cuando dejamos la iglesia y volvemos a la sociedad, podemos volver a caer en nuestros viejos hábitos, posiblemente pecaminosos, y dejar de reconocer a Jesús como Señor y Salvador.

 

En este inicio de la Semana Santa procura concentrarte en el significado de este tiempo tan importante. Las lecturas de toda la semana son un relato dramático de lo que nuestro Señor soportó hace más de 2,000 años.  Dedica el tiempo para caminar con nuestro Señor y acércate a él mediante tu participación en las diversas liturgias de esta semana. Y si hace tiempo que no vas a la iglesia, te invito a que vengas esta semana a vivenciar el gran amor de Dios por ti.

 

Reflexión de Evangelio (3/21/2021)

El valor del sacrificio

Reflexión en Español de Evangelio del Domingo 21 de Marzo

Monseñor Gregory Parkes

 

“Yo les aseguro que si el grano de trigo, sembrado en la tierra, no muere, queda infecundo; pero si muere, producirá mucho fruto”. – Juan 12,24

 

¿Qué significa para ti la palabra “sacrificio”? Si eres padre o madre, probablemente conozcas el significado al reflexionar sobre los sacrificios que haces por tus hijos e hijas. Te entregas a ellos y usas tus recursos económicos para atender sus necesidades. Parece que tus niños siempre reclaman tiempo, atención y cosas de ti. A medida que crecen se vuelven más independientes. Cometen errores y aprenden, pero tú sigues ahí para darles una mano. Te entregas por completo para que lleguen a ser como Dios desea que sean: una persona buena, que cuida y respeta a los demás y a sí misma. Es una inversión de tu tiempo que les beneficiará a ellos y a los demás. 

 

En el Evangelio de san Juan de este fin de semana Jesús enseña que si un grano de trigo no se siembra o no muere, no puede producir fruto. Jesús nos dice: “Yo les aseguro que si el grano de trigo, sembrado en la tierra, no muere, queda infecundo; pero si muere, producirá mucho fruto”. Por supuesto que Jesús se refería a su propia vida cuando dijo eso, pues sabía que su tiempo había llegado y que daría su vida en la cruz para la salvación de toda la humanidad. 

 

Esto es lo que Dios hizo por nosotros al sacrificar a su único Hijo, Jesucristo, como rescate por nuestros pecados. Jesús era a la vez Dios y hombre, el gran misterio de nuestra fe, y en su humanidad experimentó muchas de las mismas emociones que nosotros. Tuvo miedo, pero estaba dispuesto a sacrificarse por ti y por mí.

 

Se necesita valor y sacrificio para vivir según el Evangelio en nuestro mundo actual. A imitación de nuestro Señor, estamos llamados a darnos a nosotros mismos por el bien de los demás. Pídele hoy a Dios el valor y la fuerza para hacerlo. Y si hace tiempo que no vas a la iglesia, ahora es un buen momento para volver a casa en preparación para la Pascua.

 

 

Reflexión de Evangelio (3/14/2021)

Suelta la carga del pecado

Reflexión en Español de Evangelio del Domingo 14 de Marzo

Monseñor Gregory Parkes

 

“Porque tanto amó Dios al mundo, que le entregó a su Hijo único, para que todo el que crea en él no perezca, sino que tenga vida eterna”.

– Juan 3,16

 

Muchas personas cuando se les pregunta cuál es su versículo bíblico favorito dirán que es Juan 3,16: “Porque tanto amó Dios al mundo, que le entregó a su Hijo único, para que todo el que crea en él no perezca, sino que tenga vida eterna”. Pero en la lectura del Evangelio de san Juan de este fin de semana debemos también examinar las escrituras circundantes, que quizá no sean tan agradables y esperanzadoras.


Estoy seguro de que todos deseamos una buena vida e ir al cielo cuando nuestra vida termine. Sin embargo, una realidad de nuestra naturaleza humana es el pecado. Aunque deseamos esforzarnos por vivir una vida buena, a menudo nos vemos arrastrados a las tinieblas de este mundo, unas tinieblas que en apariencia satisfacen alguna necesidad que tenemos. Sin embargo, dura poco y pronto descubrimos que el pecado no satisface.


¿Por qué ocultamos cosas a los demás? Probablemente porque sabemos que lo que hemos hecho no es bueno para nosotros y nos avergonzaría que se supiera. Adán y Eva se escondieron de Dios en el jardín, porque querían ocultarle a Dios su secreto y su desobediencia. Pero sabemos que Dios lo ve y lo sabe todo. No podemos escondernos de él.


A veces hacemos en secreto cosas que sabemos están mal: lujuria, adulterio, robo y falso testimonio. Cuando esos secretos aumentan pueden convertirse en un gran peso para nuestra alma y llevarnos al abismo de la desesperación. Desafortunadamente, muchas personas pueden permanecer en esa oscuridad sin siquiera saberlo. Necesitamos liberarnos del peso del pecado y salir de esas sombras, para poder vivir en la luz.


Estamos llamados a vivir en la luz de Cristo y a ser luz para los demás. Dedica un tiempo en esta Cuaresma para ver por dónde anda tu vida y cómo estás en tu relación con Dios. Si tienes pecados que te agobian, libérate de ellos acudiendo al sacramento de la Reconciliación “para que no perezcas, sino que tengas vida eterna”.

 

 

Reflexión de Evangelio (3/7/2021)

¡Benditas inversiones!

Reflexión en Español de Evangelio del Domingo 7 de Marzo

Monseñor Gregory Parkes

 

Cuando se acercaba la Pascua de los judíos, Jesús llegó a Jerusalén y encontró en el templo a los vendedores de bueyes, ovejas y palomas, y a los cambistas con sus mesas. Entonces hizo un látigo de cordeles y los echó del templo, con todo y sus ovejas y bueyes; a los cambistas les volcó las mesas y les tiró al suelo las monedas; y a los que vendían palomas les dijo: “Quiten todo de aquí y no conviertan en un mercado la casa de mi Padre”.
En ese momento, sus discípulos se acordaron de lo que estaba escrito: El celo de tu casa me devora.
Después intervinieron los judíos para preguntarle: “¿Qué señal nos das de que tienes autoridad para actuar así?” Jesús les respondió: “Destruyan este templo y en tres días lo reconstruiré”. Replicaron los judíos: “Cuarenta y seis años se ha llevado la construcción del templo, ¿y tú lo vas a levantar en tres días?”
Pero él hablaba del templo de su cuerpo. Por eso, cuando resucitó Jesús de entre los muertos, se acordaron sus discípulos de que había dicho aquello y creyeron en la Escritura y en las palabras que Jesús había dicho.
Mientras estuvo en Jerusalén para las fiestas de Pascua, muchos creyeron en él, al ver los prodigios que hacía. Pero Jesús no se fiaba de ellos, porque los conocía a todos y no necesitaba que nadie le descubriera lo que es el hombre, porque él sabía lo que hay en el hombre.”

– Juan 2, 13-25

 

¿Alguna vez te has enfadado tanto por una situación que has perdido los estribos en presencia de los demás? La mayoría de nosotros lo hemos hecho y puede ser un espectáculo aterrador. La mayoría de los padres saben de qué hablo. A primera vista parece que eso es lo que ocurre en el Evangelio de san Juan de este fin de semana. La mayoría de nosotros hemos oído la historia de Jesús enfadado en el templo con los cambistas. Está tan enfadado que echó a todos mientras volcaba las mesas y creaba lo que conocemos como un “disturbio público”.


Este pasaje se puede estudiar de muchas maneras. Al parecer, Jesús condena a los que utilizan un espacio sagrado para obtener un beneficio. En el mundo actual se necesita de la generosidad de muchos para mantener la labor de la Iglesia. Cuando las iglesias y los líderes religiosos centran su atención en el aspecto financiero y en sus ingresos en lugar de en las necesidades espirituales de la Iglesia puede ir en detrimento de la comunidad de fe. Éste es un aspecto del pasaje.


Otro ángulo es que Jesús les confirma a los judíos y a los del templo la autoridad que él tiene. Los que dirigen el mercado lo cuestionan por haber causado tal disturbio, pero Jesús les dice que lo que ha tardado 46 años en construirse, él podría levantarlo en 3 días. El punto de nuestro Señor era que, mientras que el edificio se construye con piedra y mortero, el templo espiritual, que es Jesús, nunca será destruido. Aunque el templo de su cuerpo morirá en la cruz, él resucitará en 3 días. Jesús nos pone claramente de manifiesto que debemos construir el Reino con la oración, la misericordia, la esperanza y el amor, y no sólo por dinero o cosas materiales.


Preguntémonos: ¿adoramos el dinero y las cosas materiales, o ponemos nuestra fe en Dios? ¿Pasamos nuestro tiempo preocupándonos por nuestras inversiones en la bolsa o invertimos nuestro tiempo en proclamar a Jesús como Señor, y en tratar a los demás con el mismo amor y respeto que le daríamos a Jesús?

 

 

 

Reflexión de Evangelio (2/28/2021)

Experiencias en la cima de una montaña

Reflexión en Español de Evangelio del Domingo 28 de Febrero

Monseñor Gregory Parkes

 

Se formó entonces una nube, que los cubrió con su sombra, y de esta nube salió una voz que decía: ‘Éste es mi Hijo amado; escúchenlo’

– Marcos 9,7

 

“Qué bueno es estar aquí”. He oído decir esto a los que van a un retiro e incluso yo mismo lo he dicho. Hasta los obispos nos vamos de retiro cada año para poder centrarnos y crecer en nuestra relación con nuestro Señor. Las experiencias en los retiros pueden ser emotivas y profundas. A veces nos referimos a ellas como “sentirnos en lo alto de un monte”. Hay montes en los que puedes ver más de cien millas de distancia en un día claro. Tienes una visión clara de todo y puede ser una experiencia impresionante e incluso transformadora al ver la belleza de la naturaleza y la creación de Dios.


En el Evangelio según san Marcos de este fin de semana leemos que Jesús llevó a Pedro, Santiago y Juan a un monte alto. Estaban los cuatro solos en un pequeño retiro o una escapada, por así decirlo. Al llegar a lo alto del monte la ropa de Jesús se vuelve de repente en un blanco deslumbrante. Aparecen Elías y Moisés y una voz desde las nubes proclama: “Éste es mi Hijo amado; escúchenlo”. En un instante todo eso desaparece y vuelven a quedar solamente ellos cuatro.


¿Qué significa esto para nosotros? Subir a lo alto de un monte requiere esfuerzo y sacrificio. No es fácil, pero una vez que llegas es una gran experiencia. Puede que descubras más de ti mismo y de los demás durante tu escala. En lo alto del monte, del cual nos habla el Evangelio de hoy, Pedro, Santiago y Juan vislumbran la gloria de Jesús. A través de esta experiencia también ellos fueron transformados, no en un sentido físico como Jesús, sino en un sentido espiritual. Con el tiempo llegarían a saber que, después de todo el sufrimiento y la muerte que Jesús iba a soportar y de los que ellos serían testigos, se encuentra la gloria.


Esto es una realidad también para nosotros. No hay duda de que, a lo largo de nuestro caminar por la vida, experimentaremos desafíos, sufrimientos y un día la muerte. Sin embargo, más allá de todo eso, también estamos llamados a la gloria: la gloria del cielo. Por eso nunca perdamos la esperanza en medio de las pruebas de nuestra vida. Soportémoslas con valor y confiemos en que un día estaremos con Jesús por toda la eternidad en la gloria.

 

 

 

Reflexión de Evangelio (2/21/2021)

Pedir perdón

Reflexión en Español de Evangelio del Domingo 21 de Febrero

Monseñor Gregory Parkes

 

“Se ha cumplido el tiempo y el Reino de Dios ya está cerca. Arrepiéntanse y crean en el Evangelio”.

– Marcos 1,15

 

En este primer domingo de Cuaresma, nuestra lectura del Evangelio proviene de san Marcos. Escuchamos cómo Jesús pasó 40 días en el desierto, donde fue tentado por Satanás en preparación para su ministerio público. Comienza su ministerio público anunciando un tiempo de cumplimiento y predicando a la gente “conviértanse y crean en el Evangelio”. Conviértete y cree. Esas palabras son una parte importante de nuestra peregrinación cuaresmal y es probable que te las hayan dicho a ti cuando recibiste las cenizas el pasado miércoles.


El tiempo de Cuaresma es el momento perfecto para examinar nuestro camino espiritual, y nuestra relación con Dios y con los demás. Es una peregrinación que abarca toda nuestra vida cotidiana y no sólo una hora de cada domingo. Estamos llamados a amar a Dios, a amar a los demás y a convertirnos. Parece sencillo, pero sabemos que puede ser difícil. Nuestra paciencia a menudo se pone a prueba y podemos enfadarnos, sentir celos de los demás y centrarnos en nosotros mismos, anteponiendo otras cosas a nuestro amor a Dios. Las dos frases que más comúnmente usamos al arrepentirnos de algo son: “Lo siento” y “discúlpame”. O “te perdono”, si otra persona se arrepiente de algo que nos hizo y viene a disculparse. Son palabras difíciles de decir, pero pueden traer gran sanación y paz a ambas partes involucradas.


En mis tiempos de párroco, y ocasionalmente de obispo, he escuchado a menudo a los papás y las mamás expresar los desafíos que les presentan sus hijos e hijas. A veces se les saltan las lágrimas durante sus luchas con ellos. En todos los casos los padres están dispuestos a perdonar por amor a sus hijos, independientemente de lo que ellos hayan hecho. Dios tiene este mismo amor incondicional por nosotros.


Imagínate a Dios llorando por nosotros cada vez que tropezamos y erramos en nuestro caminar por la vida. Dios es nuestro Padre celestial. Dios llora por nosotros cuando pecamos, igual que lo hace un padre o una madre por su hijo o hija, porque quiere lo mejor para nosotros. Jesús lloró por nosotros y rogó al padre desde la cruz para que perdonara a sus enemigos: “Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen”. En esta Cuaresma, enjuguemos esas lágrimas pidiendo perdón y reparando las relaciones rotas con miembros de nuestra familia, amistades y sobre todo con Dios.

 

Reflexión de Evangelio (2/7/2021)

 

Predicar, enseñar y curar

Reflexión en Español de Evangelio del Domingo 7 de Febrero

Monseñor Gregory Parkes

 

“Él se le acercó, y tomándola de la mano, la levantó”. – Marcos 1,31

 

Una de las muchas cosas que nos quitó la pandemia fue la habilidad de tener contacto físico con otras personas. Ya no podemos darnos la mano en la Misa o abrazarnos o estrecharnos la mano durante la señal de la paz, ni cuando saludamos a las personas antes y después de la Misa. Se nos dijo, además, que evitáramos el contacto físico y que nos distanciáramos físicamente los unos de los otros.


En el Evangelio según san Marcos de este fin de semana leemos que Jesús fue a la casa de Simón y Andrés, y mientras estaba allí curó a la suegra de Simón de una fiebre. Lo hizo simplemente tomándola de la mano y ayudándola a levantarse. Ella fue curada por el contacto físico con el Señor. Podemos asumir que la curación fue inmediata, ya que ella comenzó a atender a sus huéspedes. Otros en la región, que estaban enfermos o poseídos por demonios fueron llevados a Jesús. Leemos que Jesús curó muchas de las enfermedades y expulsó a muchos demonios. Al día siguiente, se dirigió a los pueblos cercanos para expulsar a los demonios y predicar en las sinagogas.


Este primer capítulo del Evangelio de san Marcos es el comienzo del ministerio público de Jesús y establece una especie de agenda para su futuro ministerio: predicar, enseñar y curar. Éste es el ejemplo que nuestros sacerdotes y diáconos practican hoy en día. Y éste es nuestro papel también en virtud de nuestro Bautismo. A través del Bautismo ustedes han sido enviados y empoderados para sanar los males de otras personas: alimentando al hambriento, protegiendo a los pobres y llevando el consuelo a los enfermos, que son algunas de las obras corporales de misericordia. Tengan hoy la valentía para marcar una diferencia en su comunidad uniéndose a un ministerio parroquial o de ayuda comunitaria, que lleve consuelo y alivio a las personas que más lo necesitan.

 

Reflexión de Evangelio (1/31/2021)

Acude a Cristo para conocer la verdad

Reflexión en Español de Evangelio del Domingo 31 de Enero

Monseñor Gregory Parkes

 

“Los oyentes quedaron asombrados de sus palabras, pues enseñaba como quien tiene autoridad y no como los escribas”.

– Marcos 1, 22

 

¿Tiendes a escuchar a ciertas personas más que a otras? ¿Tienes algún noticiero favorito? ¿Adónde te diriges para averiguar alguna información importante o crucial? Probablemente busques a alguien o alguna fuente en la que puedes confiar.


Éste fue el caso con Jesús. En el Evangelio según san Marcos de este fin de semana leemos que Jesús llega a la sinagoga y comienza a enseñar. La gente está asombrada porque enseñó de una manera diferente a los escribas. Un hombre con un espíritu inmundo dice: “¿Qué quieres tú con nosotros, Jesús de Nazaret? ¿Has venido a acabar con nosotros? Ya sé quién eres: el Santo de Dios”. Jesús ordena al espíritu que salga del hombre y el espíritu lo obedece de una manera bastante dramática. Éste es el primer exorcismo de Jesús del que tengamos constancia. Los testigos estaban asombrados por lo que acababan de presenciar.


Una observación interesante en esta historia es que el espíritu inmundo reconoce la autoridad de Jesús, no sólo como maestro, sino también como el Santo de Dios. Reconoció el poder transformador de Jesús. Sin embargo, a lo largo de su ministerio de enseñanza, los líderes de la Iglesia, los oficiales del gobierno y muchos en la comunidad continuaron cuestionando su autoridad. Así sucedió durante toda su vida, incluso hasta su pasión y muerte. Aún hoy en día hay muchas personas que no creen en Jesucristo.


A pesar de ser cristianos permitimos que muchas otras cosas de este mundo gobiernen nuestra vida, tales como el acierto político, el dinero, nuestra necesidad de ser reconocido y el deseo de llegar a la cima. Pero Cristo es la autoridad y el que gobierna todas las cosas, incluso a ti y a mí. Lo decimos, pero ¿lo creemos?


Ten hoy la valentía de reconocer y aceptar que Cristo es el rey de tu vida, a quien acudes cuando necesitas conocer la verdad. Reza para que el Espíritu Santo te guíe en todas tus decisiones y te fortalezca para dar testimonio a los demás.