Reflexión de Evangelio (7/4/2021)

 

 

Cree en la verdad de Dios

Reflexión en Español de Evangelio del Domingo 4 de Julio

Monseñor Gregory Parkes

¿Qué no es éste el carpintero, el hijo de María, el hermano de Santiago, José, Judas y Simón? ¿No viven aquí, entre nosotros, sus hermanas?” Y estaban desconcertados.” – Marcos 6, 3

¿Te ha pasado alguna vez que te encuentras con una persona amiga a quien no veías por mucho tiempo, tal vez por muchos años y al verla piensas, “¡cómo ha cambiado!” Lo mismo puede decirse de un adulto joven que regresa de la universidad o de alguien que regresa después de un largo despliegue militar. Es posible que, cuando primero veas a esa persona, te fijes sólo en su apariencia o tal vez te moleste lo que te cuenta sobre lo sucedido en su vida desde la última vez que se vieron. Y es que no era así como la recordabas.

En el Evangelio de Marcos de este fin de semana Jesús regresa a su ciudad natal, aparentemente para ser recibido por su antigua comunidad. Muchos recordaban a Jesús como el hijo de María y José, el carpintero. Pero Jesús había estado ausente por un tiempo. Había crecido.

Escuchamos que Jesús va a la sinagoga a enseñar y que aquellos que lo oyeron se asombraron. Se preguntan indignados: “¿Dónde aprendió este hombre tantas cosas? ¿De dónde le viene esa sabiduría y ese poder para hacer milagros?” En esencia, la gente del pueblo de Jesús cuestiona su autoridad y todo lo que él estaba haciendo. ¿Cómo era posible que aquellos que crecieron con Jesús no lo aceptaran ahora?

Este relato tiene la intención de que nos auto examinemos. ¿Con cuánta frecuencia nos precipitamos a juzgar a los demás, a encasillarlos en base a su nacionalidad, al color de su piel o a sus creencias religiosas? Hoy más que nunca parece que no estamos abiertos a lo que pudieran pensar los demás; tanto es así, que ni siquiera escuchamos la opinión opuesta.

Nuestro Señor nos muestra el camino hacia el Padre, pero a menudo queremos hacer las cosas a nuestra manera y no a la de él. En lugar de creer la verdad revelada de Dios, seleccionamos lo que queremos creer.  Ten el valor hoy de no juzgar a los demás según lo que hayas visto en el pasado, sino fíjate más bien en la verdad que se nos ha revelado.

Reflexión de Evangelio (6/27/2021)

Carga tu cruz con fe

Reflexión en Español de Evangelio del Domingo 27 de Junio

Monseñor Gregory Parkes

 

“Hija, tu fe te ha curado. Vete en paz y queda sana de tu enfermedad”. – Marcos 5, 34

 

Como sacerdote y obispo, me he encontrado con muchas personas que sufren. He celebrado muchos funerales y he sido testigo del dolor de un padre o una madre por la pérdida de un hijo, de un cónyuge por la pérdida de su querida pareja. En mi propia vida, he pasado por la pérdida de mis padres y de mi hermano mayor. Perder un amigo o un ser querido nunca es fácil, pero ponemos nuestra fe y nuestra confianza en que Dios tiene el control y mantiene a esos seres queridos cerca de él.

 

El Evangelio de este fin de semana nos relata el encuentro de Jesús con dos personas que sufren. Primero, se encuentra con Jairo, uno de los jefes de la sinagoga, que le pide a Jesús la sanación de su hija que está a punto de morir. Es interesante que el autor mencione al jefe de la sinagoga cuatro veces. No es carpintero, pescador o comerciante sino un líder religioso. Jairo obviamente ha oído hablar de las obras milagrosas de Jesús, está desesperado por salvar a su hija y, por lo tanto, se vuelve a Jesús en su momento de necesidad. Irónicamente, más tarde serían los jefes de la sinagoga quienes perseguirían a Jesús y pedirían su muerte. Pero Jesús va a visitar a la familia desesperanzada   y sana a la niña.

 

De camino, una mujer que sufría hemorragias durante años tocó su manto, pues cree que él tiene el poder de sanarla. Jesús se da cuenta de lo que ha pasado y pregunta quién lo tocó. La mujer admite haberlo hecho y Jesús le dice: “Hija, tu fe te ha curado. Vete en paz y queda sana de tu enfermedad”.

 

Esas dos curaciones ocurrieron por tener fe en Jesús. El sufrimiento y la curación pueden venir de muchas maneras: por enfermedades físicas o mentales, por tensión emocional o por la pérdida de un ser querido. Ésos son sólo algunos ejemplos. Durante estos tiempos difíciles oramos a Jesús para que sane nuestra vida y nos traiga su paz. Pero, a veces parece que no recibimos respuesta a nuestra oración. La curación y la paz no llegan, al menos no de la manera que queremos o esperamos. Debemos recordar que lo que prevalece es la voluntad de Dios y no la nuestra. Incluso nuestro Señor Jesús, el Hijo único de Dios, el Salvador del mundo, tuvo que sufrir y morir. No fue fácil.

 

La vida no es siempre fácil. A veces, el dolor que sobrellevamos nos hace comprender y apreciar mejor el amor, la paz, el gozo y la esperanza que vienen del Señor. Pide en tu oración la fuerza necesaria para mantener tu fe y pídele a Jesús que camine junto a ti mientras cargas valientemente con tu propia cruz.

 

Reflexión de Evangelio (6/20/2021)

 

Deja que Jesús tome el volante

Reflexión en Español de Evangelio del Domingo 20 de Junio

Monseñor Gregory Parkes

 

Jesús les dijo: “¿Por qué tenían tanto miedo? ¿Aún no tienen fe?” – Marcos 4, 40

 

Recuerdo que una vez cuando era obispo de Pensacola-Tallahassee unos amigos me invitaron a pasear en bote con ellos. El día comenzó muy hermoso, pero en un par de horas vimos lo que parecía a distancia una gran tormenta. A medida que los cielos se oscurecían y el viento comenzaba a soplar más fuerte, nos quedó claro que íbamos en la ruta de la tormenta que se avecinaba. De un momento a otro nos encontramos en el mismo medio de la tormenta y de un mar agitado. Recuerdo haber tenido la sensación de que estábamos indefensos y sólo nos quedaba sobrevivir la tormenta.

Imagínate ahora estar en una barca de madera con esa misma tormenta 2,000 años atrás. Había que ser valiente para aventurarse al mar en ese entonces. Ser atrapados en una tormenta, como leemos en el Evangelio de Marcos que les ocurrió a los discípulos, podría ser peligroso e incluso catastrófico. Sin embargo, aquí estaban los Doce en una barca en medio de la noche con Jesús. No podían ver a dónde iban y no tenían control de la barca. Estaban a merced del mar y sentían que iban a perecer. Las olas se estrellaban contra la barca, la cual casi se vuelca, y resulta que Jesús estaba durmiendo (¡hasta nuestro Señor necesita su descanso!). Sus amigos lo despertaron e inmediatamente Jesús ordena al mar que se calme. ¡Y el mar obedeció! Sus amigos deben haber quedado asombrados. Entonces, él dijo a los discípulos: “¿Por qué tenían tanto miedo? ¿Aún no tienen fe?”.

Todos atravesamos tormentas en nuestra vida. No sólo las que nos propicia la naturaleza, sino aquellas situaciones que nos causan gran preocupación, ansiedad y duda. Debemos recordar que, si ponemos nuestra confianza y nuestra fe en el Señor, y le entregamos nuestros problemas y nuestras tormentas, ¿a qué hay que temer? Jesús te pregunta lo mismo que les preguntó a los discípulos: “¿Por qué [tienen] tanto miedo? ¿Aún no tienen fe?”. Durante mi paseo en bote tuvimos la suerte de contar con un capitán experimentado al timón, que nos guio a través de la tormenta hacia un lugar seguro. Con Jesús al timón de tu vida, tendrás el valor de enfrentar las tormentas de la vida con fe y con la confianza de que él lo tiene todo bajo su control.

Reflexión de Evangelio (6/13/2021)

 

Como un grano de mostaza

Reflexión en Español de Evangelio del Domingo 13 de Junio

Monseñor Gregory Parkes

 

Les dijo también: «¿Con qué compararemos el Reino de Dios? ¿Con qué parábola lo podremos representar? Es como una semilla de mostaza que, cuando se siembra, es la más pequeña de las semillas; pero una vez sembrada, crece y se convierte en el mayor de los arbustos y echa ramas tan grandes, que los pájaros pueden anidar a su sombra».

-Marcos 4, 30-32

 

“El Reino de Dios es como…” es una frase que Jesús utiliza a lo largo de los Evangelios para enseñar a sus discípulos. Utiliza imágenes o parábolas para ayudar a las multitudes a comprender mejor un concepto o una realidad difícil. Éste es el caso en el Evangelio según san Marcos de este fin de semana.

 

Les dice que el Reino de Dios es como un grano de mostaza, que es una de las semillas más pequeñas de la tierra. Sin embargo, crece hasta convertirse en uno de los arbustos más grandes, con ramas tan grandes que los pájaros pueden anidar en ellas. Es algo que tiene un comienzo muy pequeño y humilde, pero que con el tiempo sigue creciendo hasta convertirse en algo significativo.

 

No se puede ver crecer una semilla cuando primero se siembra. Pero con el tiempo germina, echa raíces, se expande y produce frutos. Es un proceso muy gradual, pero el crecimiento es continuo y constante. El potencial para convertirse en algo grande está ahí desde el momento en que se siembra. Nuestra fe es como esa semilla. De niños nuestra compresión de las cosas no es completa. Pero el potencial ya está presente. Se necesitan años de oración, contemplación, estudio y reflexión para comprender siquiera los conceptos básicos de nuestra fe. Pero mediante nuestra dedicación y nuestro compromiso, nuestra fe puede crecer y llegar a ser transformadora y dadora de vida para las personas a nuestro derredor por nuestro ejemplo y testimonio.

 

Los deportistas dedican mucho tiempo a adiestrarse para ser más fuertes y hábiles. Lo mismo ocurre con nuestra fe. Cuanto más estudies, reces y practiques la fe, más cosas te revelará Dios. Dedica algún tiempo esta semana a estudiar las Escrituras, tal vez sólo uno o dos versículos, y descubre cómo Dios puede hablarte a través de su palabra. Puede que te sorprenda lo que descubras de ti mismo y de que eres parte del Reino de Dios.

 

 

Reflexión de Evangelio (6/6/2021)

Solemnidad del Cuerpo y la Sangre de Cristo

Reflexión en Español de Evangelio del Domingo 6 de Junio

Monseñor Gregory Parkes

 

Mientras cenaban, Jesús tomó un pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo dio a sus discípulos, diciendo: «Tomen: esto es mi cuerpo». Y tomando en sus manos una copa de vino, pronunció la acción de gracias, se la dio, todos bebieron y les dijo: «Ésta es mi sangre, sangre de la alianza, que se derrama por todos».
– Marcos 14, 22-24

 

La Pascua es una fiesta muy importante en la vida del pueblo judío. Lo vemos en el Éxodo cuando Moisés instruyó al pueblo para que sacrificara un cordero y marcaran la puerta con la sangre del cordero, para que se libraran de la ira que iba a caer sobre ellos como escarmiento. Durante generaciones los judíos han conmemorado este acontecimiento con la fiesta de la Pascua.

Leemos en el Evangelio de Marcos de este fin de semana que Jesús, siendo un judío devoto, pidió a sus discípulos que prepararan la celebración de esta fiesta. Pero como ya sabemos, Jesús aprovecharía esta ocasión para establecer algo nuevo: instituir la Eucaristía. Él es el cordero sacrificado. Y es a través de su cuerpo y su sangre que las personas serían salvadas.

Es un misterio de fe que proclamamos en cada celebración eucarística. Participamos de este gran misterio cada vez que comulgamos en la Misa. Los sencillos elementos cotidianos del pan y el vino se convierten realmente en el cuerpo, la sangre, el alma y la divinidad de Jesucristo mediante la consagración en la que el sacerdote actúa In persona Christi, es decir, “en la persona de Cristo”. ¿Cómo es esto posible – recibir el cuerpo y la sangre de Cristo? Se requiere tener fe en lo que Jesús dijo a sus discípulos y a nosotros. Después de la consagración, proclamamos el misterio de la fe que es el misterio Pascual. Una de las aclamaciones es: “Cada vez que comemos de este pan y bebemos de este cáliz, anunciamos tu muerte, Señor, hasta que vuelvas”.

Deja que el Señor se te haga realmente presente en la Eucaristía cada vez que vengas a Misa y recuerda las palabras que pronunciamos antes de recibirlo: “Señor, no soy digno de que entres en mi casa, pero una palabra tuya bastará para sanarme”.

 

Reflexión de Evangelio (5/30/2021)

Confía y cree

Reflexión en Español de Evangelio del Domingo 30 de Mayo

Monseñor Gregory Parkes

 

“En aquel tiempo, los once discípulos se fueron a Galilea y subieron al monte en el que Jesús los había citado. Al ver a Jesús, se postraron, aunque algunos titubeaban”. – Mateo 28, 16-17

¿Dudas alguna vez, incluso de algo que parece seguro? Hay cosas que sabemos con certeza que ocurrirán en la vida. Aún con esa certeza, la duda puede acechar.

Este fin de semana la Iglesia celebra la solemnidad de la Santísima Trinidad. Leemos en los últimos versículos de san Mateo que Jesús da a sus discípulos el gran mandato de bautizar a todos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y les asegura que estará siempre con ellos. Es un pasaje de afirmación, pero hay una frase que salta a la vista en el versículo 17: “Al ver a Jesús, se postraron, aunque algunos titubeaban”. Aunque algunos titubeaban. Después de todo lo que habían presenciado…los milagros, las curaciones, la muerte y la resurrección… ¿cómo podían seguir titubeando?

Pero, aunque sólo hayan sido algunos los que dudaron, y no todos, todavía hay que plantearse la pregunta:  “¿por qué?” Y otra pregunta sería, ¿qué significa eso para nosotros hoy?

Tal vez el titubeo de algunos de los discípulos se debiera a lo mismo que tenemos que reconocer nosotros hoy: que experimentamos duda en la fe, particularmente cuando enfrentamos alguna prueba o adversidad. Nadie es perfecto, ni siquiera los discípulos, y los santos y santas que nos precedieron. Somos pecadores y a Satanás le gusta acecharnos para sembrar la duda, la preocupación, la desesperación y la división en nuestra vida. El remedio para luchar contra las dudas es ser fervientes en la oración, devotos en la adoración y persistentes en la fe. Jesús disipó las dudas de los discípulos recordándoles que estaría siempre con ellos, incluso en sus momentos de duda, prueba y sufrimiento. Es esa fe de saber que él está siempre con nosotros la que nos mantiene en pie. Cuando la duda empiece a acechar tu vida, pídele a Jesús lo mismo que le pidió el padre en el capítulo 9 de san Marcos: “Creo, Señor; pero dame tú la fe que me falta”.

Reflexión de Evangelio (5/23/2021)

¡Ven, Espíritu Santo!

Reflexión en Español de Evangelio del Domingo 23 de Mayo

Monseñor Gregory Parkes

 

Después de decir esto, sopló sobre ellos y les dijo: “Reciban el Espíritu Santo. A los que les perdonen los pecados, les quedarán perdonados; y a los que no se los perdonen, les quedarán sin perdonar”.

– Juan 20, 22-23

 

Este fin de semana la Iglesia celebra la gran fiesta de Pentecostés. Celebramos esta fiesta cincuenta días después de la Pascua, de ahí su nombre. Leemos en los Hechos de los Apóstoles el relato de cómo el Espíritu Santo se posó sobre los discípulos y les dio el poder de salir a difundir la buena nueva. Y también que las lenguas de fuego se posaron sobre los discípulos, que hubo un ruido como de un viento fuerte y que la gente escuchó sus palabras en sus lenguas maternas.

 

En el Evangelio de san Juan para el día de hoy, Jesús dice que enviaría un abogado, o consolador, para cuidar y guiar a sus discípulos. Esto se convirtió en una realidad para ellos y ese mismo don permanece aún con nosotros. Es el don del Espíritu Santo. Algunos se refieren a este día como el nacimiento de la Iglesia. Algunas iglesias lo celebran con bautismos y confirmaciones en este día. Las parroquias pudieran echar a volar palomas o pichones que simbolizan el Espíritu Santo. Muchos feligreses se visten de rojo como símbolo del fuego del Espíritu.

 

Por el Espíritu Santo los apóstoles recibieron el poder y los dones espirituales para ir a todas las naciones y proclamar la buena nueva de Jesucristo. La Escritura nos dice que Pedro bautizó a 3,000 personas ese día. Esta tradición continúa después de 2,000 años. A pesar de los muchos retos y dificultades que los cristianos han afrontado a lo largo de los siglos, la Iglesia sigue creciendo. Por el bautismo todo cristiano es llamado por el mismo Jesucristo a proclamarlo y a invitar a otras personas a una relación con él.

 

En nuestra diócesis, nuestra misión y visión es Vivir Valientemente el Evangelio. Nuestra emisora de radio, Spirit FM, te anima a vivir según el Espíritu. No siempre es fácil, pero si abrimos nuestro corazón para permitir que el Espíritu Santo nos guíe en todo lo que decimos y hacemos, nuestros temores serán remplazados por la valentía. Ten el valor de abrirle tu corazón al Espíritu Santo hoy mismo.

Reflexión de Evangelio (5/16/2021)

Testigos de nuestra fe

Reflexión en Español de Evangelio del Domingo 16 de Mayo

Monseñor Gregory Parkes

 

En aquel tiempo, se apareció Jesús a los Once y les dijo: “Vayan por todo el mundo y prediquen el Evangelio a toda creatura”.

– Marcos 16, 15

 

¿Te han pedido alguna vez hacer algo que no te sentías capaz de hacer? Tal vez la tarea te parecía demasiado grande o te parecía que no estabas capacitado para llevarla a cabo. El miedo al fracaso puede a veces paralizarnos si lo permitimos. Es probable que así se sintieran los discípulos en el Evangelio según san Marcos que escuchamos hoy en esta Solemnidad de la Ascensión del Señor.

 

Jesús está a punto de subir al cielo, donde se sentará a la derecha de Dios. Pero antes de ascender da a sus discípulos un mandamiento. Les dice: “Vayan por todo el mundo y prediquen el Evangelio a toda creatura”. Esto tuvo que parecerles una tarea enorme a los discípulos. Tal vez pensaron: “¿Cómo vamos a proclamar el Evangelio a toda creatura? Sólo somos unos pocos”. Sin embargo, el Evangelio nos dice que “fueron y proclamaron el Evangelio por todas partes, y el Señor actuaba con ellos y confirmaba su predicación con los milagros que hacían”. En otras palabras, no estaban solos. El Señor estaba a su lado mientras emprendían la misión que se les había encomendado. El Señor trabajaba con ellos.

 

Por medio de nuestro Bautismo nos ha encomendado también a nosotros la tarea y la misión de difundir la buena nueva con nuestras palabras y obras. ¿Nos parece una tarea demasiado grande para nosotros? Después de todo, podríamos decir: “Soy débil y pecador. A veces lucho con mi propia fe, ¿cómo voy a predicar la buena nueva a los demás?” Debemos recordar que, como los discípulos, no estamos solos. Somos guiados por el Espíritu Santo y Jesús camina a nuestro lado a lo largo de la vida. Pero debemos tener el valor de pedirle ayuda para dar testimonio de nuestra fe, sobre todo en los momentos en que nos acosan las dudas. Dios no nos defraudará.

 

Reflexión de Evangelio (5/2/2021)

 

Somos los sarmientos

Reflexión en Español de Evangelio del Domingo 2 de Mayo

Monseñor Gregory Parkes

 

“Yo soy la vid, ustedes los sarmientos”. – Juan 15, 5

 

Hoy en día, a muchos de nosotros nos preocupa el tema de la energía. Los científicos e ingenieros trabajan constantemente para encontrar fuentes de energía más limpias y eficientes. Vemos que los precios de la gasolina aumentan y por eso puede que consideremos comprar un automóvil que nos dé un mejor rendimiento de gasolina o que sea híbrido. Lo mismo ocurre con los acondicionadores de aire y muchos enseres eléctricos. Con el tiempo se vuelven menos eficientes y su funcionamiento es más costoso, por lo que uno se plantea si debemos sustituirlos. ¿Qué relación tiene esta charla sobre la energía con el Evangelio de san Juan de esta semana donde Jesús dice: “Yo soy la vid, ustedes los sarmientos”?

 

Jesús explica que somos parte de él utilizando la imagen de una vid, unos sarmientos y un viticultor. Una vid debe tener sarmientos para crecer y prosperar. Nosotros somos los sarmientos. No podemos alcanzar nuestro mejor potencial sin que Jesús, la vid, nos ayude a crecer. La vid necesita mucha luz solar, agua y buena tierra para crecer; pero si hay ramas que absorben la energía del resto de la planta, entonces el viticultor las corta y las destruye.

 

Para crecer espiritualmente necesitamos oración, estudio y acción. Debemos ofrecer a Dios nuestra alabanza y oración, y abrirle nuestro corazón y nuestra mente. Estudiamos las Escrituras para crecer en sabiduría y entendimiento. Ponemos nuestra fe en acción al ayudar a nuestros vecinos y a la comunidad. Al hacer eso producimos buenos frutos para el cuerpo de Cristo, que es la Iglesia. Si nos quedamos cortos en esas acciones no producimos los frutos que Dios quiere de nosotros. Nos volvemos inútiles e impedimos que la planta crezca y florezca. Podemos sufrir espiritual y emocionalmente, y hasta podríamos arrastrar a otras personas con nosotros. Tenemos que esforzarnos por crecer y hacer lo mejor que podamos para el bien del Reino, de nuestra comunidad y de nosotros mismos.

 

Nuestra energía proviene del Espíritu Santo que obra en nosotros. Debemos perseverar en el estudio, la oración y la acción, para vivir valientemente el Evangelio en casa, en el trabajo y en nuestra comunidad.

 

Reflexión de Evangelio (4/25/2021)

La voz de la verdad

Reflexión en Español de Evangelio del Domingo 25 de Abril

Monseñor Gregory Parkes

 

“Escucharán mi voz y habrá un solo rebaño y un solo pastor”. – Juan 10, 16

¿Practicas este deporte por el dinero o por el amor al juego? Esto lo oímos a menudo entre los deportistas profesionales. En realidad, lo mismo puede decirse de muchos empleados. Algunos trabajos tienen un gran significado y valor, pero la mayoría de las veces se trata de cómo el empleado se valora a sí mismo y a su trabajo.

En el Evangelio de san Juan de este fin de semana escuchamos la historia del Buen Pastor. Jesús compara al pastor que sólo hace su trabajo por el dinero con el pastor que lo hace por el amor a las ovejas y a la misión. El que se dedica al dinero huye cuando aparece el lobo para protegerse. Como resultado, el lobo se sale con la suya respecto a sus ovejas.

Jesús les recuerda a sus discípulos que él es el Buen Pastor y ellos son como ovejas.   Como él es el Buen Pastor que cuida de su rebaño, ellos responden siguiéndole y confiando en él. El lobo es el malvado Satanás, que hará cualquier cosa para confundir, dispersar y matar a las ovejas. Un buen pastor supervisa el rebaño desde un punto alto para alejar el peligro que se aproxima. Cuando una oveja se separa del rebaño, el pastor utiliza su cayado para hacer volver a la oveja descarriada.  El buen pastor está siempre al lado de sus ovejas.  El buen pastor se asegura de que estén bien alimentadas y de que su sed sea saciada. Les proporciona todo lo que necesitan.

Muchos de nosotros somos como las ovejas y seguimos cualquier voz que nos parezca verdadera. Jesucristo vino a mostrarnos la verdad, a pastorearnos en un mundo de peligro y pecado. Estableció su Iglesia para ayudarnos, para conducirnos y guiarnos, para pastorearnos.  Y durante siglos la Iglesia ha llevado a cabo esta misión.

Si no escuchamos la voz de la verdad, nos arriesgamos a separarnos del rebaño y podemos caer en el peligro. Jesús nos dice: “Escucharán mi voz y habrá un solo rebaño y un solo pastor”. Dedica tiempo hoy para sentarte a reflexionar en silencio y escuchar la voz de Jesús el Buen Pastor y oír lo que te dice.